Terror

El bebé en el camino

Se dice que esta leyenda tuvo lugar en un poblado alejado de la Ciudad de Mérida, Yucatán.

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Un hacendado y su hijo, regresaban en su carruaje a su hogar, el cual se encontraba a varios kilómetros de distancia del centro de poblado en donde habían tenido lugar sus asuntos.

Sus negocios les tomaron más tiempo del que esperaban, sin embargo, su carruaje contaba con lámparas de aceite, por lo que no tenían miedo de perderse cuando les cayera la noche y cargaban con rifles por si en su trayecto se encontraban con algún bandido.

 Después de llevar bastantes horas de trayecto, cuando el sol se iba poco a poco ocultando, de repente escucharon un llanto de bebé. Algunos caminos que conducían a las haciendas yucatecas, tenían pequeñas rieles que servían para transportar materiales y suministros de los campos al cuerpo de la Hacienda, actualmente en las zonas turísticas se conocen como «trucks» y son parte del atractivo turístico.

Al escuchar el llanto de bebé inmediatamente detuvieron el avance de los caballos, preocupados, pusieron en alerta todos sus sentidos para identificar la ubicación del infante. Los llantos se hicieron más fuertes y rápidamente encontraron al bebé, el cual estaba en un canasto, a un lado del camino. Por lo que pudieron ver, se trataba de un recién nacido, sumamente indignados, dirigieron algunas maldiciones al cielo para aquellos desalmados padres que abandonaron a la indefensa criatura a su suerte, y la cual pudo haber muerto devorada por los animales, abatida por el hambre o por la condiciones del tiempo.

El hijo procedió a tomar el control del manejo de los caballos, mientras el padre se hacía cargo del bebé.

La noche finalmente se hizo, padre e hijo llevaban un tiempo sin platicar entre sí acerca del pequeño así como de otros asuntos, y el pequeño al parecer se había dormido. A la luz de las farolas, el padre de nueva cuenta quitaba la vista del camino para dirigirla al pequeño y ver que se encontrará bien.

Cuál sería su sorpresa al ver a la criatura con una sonrisa, e inmediatamente proceder a decir «Señor, ¿sabe que ya me han salido los dientes?», dicho esto el infante abrió su boca mostrando una dentadura afilada y completa. Inmediatamente el Hacendado se encontró como hipnotizado, no podía creer lo que había oído, paralizado, no sabía si se encontraba despierto o lo había imaginado, y peor, a pesar que él lo escuchó claro, su hijo no pareció escuchar nada ya que continuó conduciendo a los caballos como si nada.

El Hacendado levantó al infante de su regazo, y lo mantuvo frente a él, el rostro infantil se fue transformando, su sonrisa de dientes como cuchillas era espeluznante, sus ojos se tornaron completamente negros, y su lengua parecía viperina. Las prendas que cubrían al bebé de la cintura para abajo fueron despojadas por el viento, mostrando que poseía patas como de chivo, ante esto el infante comenzó a reír con una voz demencial, y el hacendado, en un acto reflejo, aventó al camino a aquel ser que había recogido.

Finalmente llegaron a su Hacienda, el hijo sumamente preocupado descendió del carro pidiendo ayuda a los sirvientes y personal. Su padre se había desmayado y había caído rápidamente en fiebre. Su padre despertaría al día siguiente, pero conforme pasaba el tiempo su salud, tanto física como mental se iba deteriorando. El hijo, ante las recomendaciones de sus trabajadores, fue a buscar a un brujo maya para que revisara la salud de su moribundo padre.

El diagnóstico de este experto en los conocimientos médicos ancestrales de los mayas fue de que no existía medicina o yerba alguna que curará la condición de su padre, ya que había sido víctima de un fuerte mal de ojo, desde el instante en que había recogido a la criatura su destino había sido sellado.

Desde entonces, así como se recomienda no abrir a menos que toquen más de 3 veces la puerta, también se aconseja tener cuidado con lo que uno recogiera del camino, ya que puede estar indefenso ante el mal de ojo.

Colaboración: La chica tiburón, en conjunto con Antgirlluna-perfil