Terror

La mestiza y la perra

Shark Canal, leyendas de terror de Yucatán:

 No solo Yucatán cuenta con un amplio repertorio de leyendas de terror, sino también los Estados vecinos de Campeche y Quintana Roo, los cuales conforman la Península de Yucatán, la siguiente leyenda que aunque se atribuye en origen a la localidad de Chuina, Campeche, se suele decir que sucedió en diferentes cuerpos de agua de la región maya.

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 En los alrededores del poblado de Chiuna ubicado en Campeche, Estado vecino de Yucatán, hace varios siglos existía una choza la cual era habitada por una mestiza viuda, su bebé recién nacido, y una vieja perra. La mujer no tenía a nadie más, solo era ella, su bebé y la perra, por lo que pasaba varias penurias, ya que era pobre y tenía que velar por su hogar e hijo ella sola.

 Se dice, por ejemplo, que para ir a por agua debía de caminar unos cuantos kilómetros, no era un trayecto muy largo pero se hacía cansado cuando además de caminar de regreso con los baldes de agua, debía de cargar con su hijo. La mujer no hacía más que llorar y lamentar su suerte, maldiciendo a los dioses por haberle quitado a su joven marido, ya que sin él que cazara y le ayudara no solo al hogar sino también en la crianza de su bebé, la mujer vivía en las peores condiciones y alimentándose solamente de las hortalizas que podía tener en su jardín, ya que no contaba con el apoyo de nadie más, únicamente tenía la compañía de aquella vieja perra, que debido a los muchos años que tenía no hacia más que estar durmiendo todo el tiempo. Y cuando por suerte la mujer lograba hacerse con un pedazo de carne, la perra muchas veces se terminaba por devorar los restos que ella buscaba guardar para los días siguientes ya que el animal también vivía con hambre.

 Por esto y otras cosas más el pobre animal era objeto de maltrato, ya que la mujer buscaba descargar su furia con él en cuanta oportunidad podía.

 Un día en el que la mujer se encontraba más furiosa de lo habitual, debido a que los pájaros habían hecho de las suyas en su huerto, se preparaba para ir al pozo por agua con un gran cántaro de barro a cuestas, su hijo se encontraba dormido por lo que pensó aprovechar esta oportunidad para ir y volver rápidamente.

 Al salir de su casa, vio a la vieja y pobre perra acostada a la sombra de un árbol, la mujer, como era habitual en ella, empezó a darle de golpes y a tirarle piedras para sacar toda su furia con ella. Así, mientras golpe a golpe lastimaba a la perra que fielmente y a pesar de todo le servía de compañía, la mujer dijo refunfuñando, -“A ver si por una vez en tu infeliz vida, me eres útil estúpido animal. Hazme de provecho y cuida al niño en tanto yo regreso”-.

 Dicho esto la mujer enfiló su camino hacia el pozo. Al regresar después de no varios minutos, escuchó a lo lejos un canto que provenía del interior de su choza. Asustada, la mujer apresuró su paso para entrar a su hogar, ¡cual no sería su sorpresa al ver que dicho canto provenía de la perra, la cual parada en dos patas, mecía al bebé en su hamaca mientras entonada este canto.

 La mujer se quedó paralizada en el umbral de la puerta, viendo ante ella una escena que poco a poco la iba volviendo loca, pero lo que terminó por romper el extraño trance en el que se encontraba, fue cuando la perra terminó su canto y de mecer al infante, a lo que procedió a voltearse hacia su ama y pronunció la siguiente frase: -“Ya vez que no soy tan holgazana ama, he cumplido lo que me ordenaste hacer”-.

 La mujer gritó de miedo, jurando en su mente que seres malignos se habían posesionado del cuerpo del animal para entrar a su hogar y llevársela a ella y a su bebé, mientras todo esto pasaba por su mente la mestiza dejo caer el cántaro donde transportaba el agua, el cual al contacto con el suelo se rompió dejando salir todo el vital líquido, pero la última sorpresa para la pobre mujer todavía aguardaba, y es que el líquido no dejaba de salir de los restos del cántaro.

 El pequeño torrente poco a poco fue creciendo en magnitud y tamaño, pronto se llevó a la madre, a la perra y al bebé, destruyendo la choza y todo lo que no permitiera el paso del agua. Después de un rato no quedó rastro ni de los habitantes ni de la vieja choza, solamente quedó una laguna como testigo de aquel suceso, la gente que habitaba cerca de ahí se sorprendió por el nacimiento de la laguna de un día para otro.

 Es así como nació la laguna de Chuina e incluso hoy en día, se suele contar que durante algunas noches, se pueden ver unas siluetas fantasmales en medio de la laguna, la de la mestiza y su perra junto con el cántaro y el bebé.

Colaboración: La chica tiburón, en conjunto con Antgirlluna-perfil