Terror

Un relato sobre la Clínica Peninsular de Yucatán

Corría el año de 1995, en Mayo de ese año acudí obligada por mis padres a un consultorio privado de la, en ese entonces, Clínica Peninsular, nunca sabré si los médicos que me atendieron lo hacían bajo conocimiento del dueño o en la clandestinidad, y creo que son pocas las personas que un día aceptarán que acudieron a dicha clínica a practicarse un legrado con la finalidad de abortar.

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Mi nombre es Tania, fui hija única de un matrimonio de clase media-alta de la Ciudad de Mérida Yucatán, siempre tuve lo que quise y hasta cosas que nunca llegué a pedir, mis padres tenían puestas grandes esperanzas en mí. Era la muñeca de Mamá y la dulce princesa de Papá.

Cursaba apenas segundo grado de la educación secundaria, no me preocupaba en absoluto el futuro, era feliz saliendo a pasear con mis padres, conviviendo con mis amigas y pasaba las tardes después de la escuela viendo televisión, escuchando música o leyendo mis libros. Por cosas propias de la naturaleza, y como muchas otras jovencitas, era una niña con un cuerpo que cada vez más rápido adquiría la anatomía propia de una mujer. No reparaba en las miradas que los hombres me dirigían en la calle, ya que en mi mundo solo importaba el juego. Pero pronto mi mente también cambió, y uno de mis nuevos intereses eran los chicos, uno en particular, era un estudiante de la preparatoria que se encontraba a lado de mi secundaria, los alumnos de ambas escuelas solíamos convivir en el parque que se ubicaba cerca de ellas.

Entablamos una relación a escondidas de mis padres, quienes de seguro no verían con buenos ojos nuestro romance, y así pasaron los meses. Un buen día, aquel galán del cual me había perdidamente enamorado, me dijo que sus padres estaban ansiosos por conocerme desde que les platicó de mí y que quería presentarme como su novia. Dentro de mí no cabía de gozo, vivía un romance perfecto, me había tocado por pareja a todo un caballero.

Pero mis sueños se quebraron al igual que mi corazón al llegar a su casa. Por supuesto, sus padres no se encontraban ahí, mi caballero me sujetó con fuerza, a pesar de que le dije no reiteradas veces, poco le conmovieron mis súplicas, un duro golpe a mi estómago fue su única respuesta, ni siquiera le importó abusar de mí en el piso de su sala. Y mientras yo lloraba aquel tipo me regañaba por ser tan mojigata, que muchas otras y mejores que yo habían sido más fácil de convencer y él se había cansado de esperar, jalándome el pelo y golpeándome ya sea en mis pechos o en mi estómago para que no siguiera oponiendo resistencia. Cuando terminó conmigo me gritó que me largará inmediatamente de su casa, ya que tenía que arreglarla para sus padres, como pude recogí lo poco que me quedaba de mi persona y me marché de aquel lugar, no sin antes tener que dejarle mi ropa interior como trofeo bajo amenaza de recibir varios golpes si me negaba.

La excusa que les di a mis padres para que me cambiaran de escuela, y así nunca tener que volver a ver a aquel tipo, fue que quería tener nuevas amigas, mis padres nunca me negaron nada y al poco tiempo iniciaba en una nueva escuela. Pero a los pocos meses era evidente que estaba embarazada, nunca les conté la verdad a mis padres, mi Papá, aquel dulce hombre y en el que siempre creí confiar, me dio una paliza que posiblemente me hubiera ahorrado acudir a aquella clínica. Los había traicionado, y peor, me negaba a acusar a aquel rufián. Al cumplir mi tercer mes de embarazo, me internaron en la Clínica Peninsular.

Solo estuve unos 5 días en aquella clínica. El primer día era para estar en observación, al segundo día me practicaron la operación y los demás días fue para recuperar mis fuerzas para regresar a mi casa y a mi vida cotidiana. Dado que la clínica no contaba con la gran capacidad de recepción de un hospital, me tocó compartir habitación con una chica de nombre María José, ella se encontraba en los días posteriores a la operación, no la habían reubicado ya que necesitaba estar bajo observación especial. Lucía pálida, débil y cansada, no era capaz ni de alimentarse por ella misma ya que la cuchara se le resbalaba de las manos, por lo poco que platiqué con ella supe que tenía 5 meses de embarazo al momento de operarse. No había podido ocultar por más tiempo su embarazo, y sus padres la exhortaron a practicarse el aborto o de lo contrario la echarían a la calle. La noche de mi operación, mientras yo yacía débil en mi cama, escuché como María José se asfixiaba, ni ella ni yo éramos capaces de pedir ayuda a las enfermeras en nuestro débil estado, María José sollozando me miraba suplicándome ayuda mientras se rasguñaba la garganta en un intento de respirar, con sus últimas fuerzas se tiró de la cama en un intento por hacer ruido o para ir por ayuda pensé, quise consolarla pero para cuando logré pronunciar alguna palabra, dejé de escuchar sus forcejeos, ella había muerto. No fue sino hasta una hora después que las enfermeras en turno se dieron cuenta del deceso y se la llevaron.

La operación fue otra pesadilla, el consultorio en donde la realizaron era pequeño, únicamente contaba con una camilla y un lavamanos, un bote de basura se encontraba apunto de rebosar de desechos de gasas y demás material médico, el único personal era un Doctor de edad avanzada y una Enfermera. Primero sentí 2 pinchazos en la parte baja del abdomen, a los pocos minutos me empecé a sentir algo adormilada, mis piernas se encontraban en estribos por lo que después de hacerme unas preguntas el médico comenzó el procedimiento. Decir que el Doctor fue algo rudo es poco, con sus movimientos me causaba mucho dolor, nunca sabré la forma en que el médico realizó la succión y el legrado, pero lo que sí puedo decir es que no fue nada cuidadoso. Tiempo después me enteraría que el tipo de operación a la que fui sometida, pero de manera legal y con todos los cuidados posibles, no debía de ser tan brusca, y que la recuperación es rápida, no lleva más de unas pocas horas. Pero dudo que un médico que realizaba varias de esas operaciones al día y de forma ilegal, fuera cauteloso para no dañar de más a sus pacientes.

Mis días de recuperación los realicé en otra sección de la clínica, esos 3 días me las pasé escuchando cada noche gritos y llantos, no sabría decir cuáles eran verdaderos y cuáles eran fantasías mías, producidas por los medicamentos para calmar el dolor y ayudarme a dormir. Una noche me tocó escuchar los lamentos de una madre por la pérdida de su hijo, ¿era una madre primeriza la cual veía con el corazón destrozado a su primer hijo fallecido? En mi última noche, como a las 3 de la mañana, recibí la visita de una infanta como de 5 años, le dije hola y le pregunté si no debía de estar con su madre, que posiblemente ella estaría preocupada, pero no me respondió, solamente se quedó en el umbral de mi puerta, no tenía ropa de paciente y estaba segura de que las visitas terminaban a las 6 de la tarde y no dejaban que los niños se quedaran hasta tarde en la clínica.

Mi estancia en la clínica terminó sin más complicaciones, desgraciadamente tiempo después me daría cuenta de que por la manera en que el médico me atendió no podría volver a tener hijos, otra desilusión para mis padres.

Recientemente vi en la televisión como un programa de sucesos paranormales exhibía los hallazgos encontrados en aquel lugar, debo ser honesta, nunca me puse a pensar en lo que hacían con los fetos, por lo que un día me armé de valor y regresé a aquel sitio. No entré, no hubo necesidad, desde el exterior me quedé rezando y pidiendo perdón a mi hijo no nacido, y les juro que justo después de que hubiera terminado escuché una voz desde el interior de aquel lugar, no sabría decir desde que oscuro rincón provenía ni tampoco entraría para averiguarlo, era un llanto que con una voz de niño me decía: “ven aquí mami”.

*Relato escrito por nuestra colaboradora Sharkgirl para Shark Canal, basado en relatos orales y escritos de diversas fuentes, propios de la leyenda urbana que rodea a la Clínica Peninsular, abandonada actualmente y de la cual se dice que se encuentra habitada por fantasmas de los bebés abortados y de las madres que murieron durante las operaciones.

 Nuestro único objetivo es ofrecer contenido para enriquecer y renovar las propias leyendas urbanas de Yucatán.

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