Terror

Las sillas del Cementerio General

 El Cementerio General de la Ciudad de Mérida está lleno de hermosas y bellas estructuras, al igual que algunas otras rodeadas de un aura de misterio e historia, como el muro en donde fusilaron a Felipe Carrillo Puerto.

 Al pasar por la Avenida de los Mausoleos podrás encontrar, a lado del Mausoleo de Don Gregorio Torre, una plataforma con dos sillas que tienen la misma apariencia de las características sillas «Tú y Yo» o también llamadas «Confidentes» que se pueden ver en los parques de Mérida y algunos otros de todo Yucatán.

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Foto archivo Unión Yucatán

 Durante la época colonial en Yucatán las clases sociales estaban fuertemente delimitadas, y los apellidos así como la sangre eran una riqueza que las familias buscaban preservar, por ello era común que ciertos matrimonios fueran vistos como maneras de aumentar o mantener la riqueza material, sanguínea y genealógica de las familias yucatecas.

 Josefina Rendón, de 15 años, era la única hija del matrimonio de Don Martín y Lucila Rendón, quienes pertenecían a la clase media-alta española que había venido a la Nueva España con el fin de amasar una fortuna, tenían un pequeño pero redituable negocio en el Centro de la Mérida Colonial, y su hogar se encontraba ubicado en el barrio de San Sebastián. Cada domingo Josefina iba a misa con sus padres, después de la ceremonia Josefina recorría los alrededores con su Nana mientras sus padres socializaban, bella y hábil con el violín, todos la reconocían fácilmente en el barrio aunque no era muy sociable.

 En uno de estos tantos domingos, Agustín Aznar, joven español heredero de una gran fortuna, quedaría enamorado de sus belleza. Sin perder tiempo, Agustín se presentó en la casa de los Rendón para pedir la mano de Josefina, los señores Rendón no lo pensaron dos veces ya que el futuro de su hija, y el de ellos , estaría asegurado. Pero para la jovencita esta noticia sería símbolo de tristeza.

 Desde hacía algunos meses Josefina había comenzado a entablar una amistad con Gabriel, joven carpintero del rumbo de San Sebastián y bastante popular por su habilidad y elaboración de bellos muebles. La amistad daría paso a un amor juvenil, aunque ambos sabían que sería difícil que los padres de Josefina aceptarán un noviazgo. El punto de reunión para sus breves encuentros era en el parque frente a la Iglesia de San Sebastián, y en las «Confidentes» fueron consolidando su amor.

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 Josefina tenía miedo de oponerse a la decisión de sus padres, por lo que Gabriel le comentó que tenía un dinero guardado y que consideraba que era lo suficiente para iniciar una vida juntos y lejos de la sociedad que planeaba separarlos. Gabriel le pidió que estuviese lista, despierta y con la ventana abierta durante la madrugada, ya que pasaría por ella para escaparse.

 La noche de la planeada fuga era tranquila, solo con un poco de viento y algunas nubes que oscurecían el cielo al tapar la luna; para poder entrar al cuarto de Josefina, Gabriel debía de atravesar la verja del jardín, pero el destino quería que aquellos jóvenes no estuviesen juntos, Josefina ignoraba que su padre solía salir a fumar su pipa durante las noches, ya que sufría de insomnio. Don Martín vio asustado como una sombra saltaba la verja para entrar a su jardín, rápidamente corrió por su escopeta para accionarla sobre el intruso.

 Al escuchar los disparos Josefina brincó del susto, bajó corriendo las escaleras y al llegar al jardín vio el cuerpo sin vida de Gabriel, alumbrado por una lámpara de aceite que sostenía su madre. El noviazgo y las verdaderas intenciones de la intrusión de Gabriel fueron ocultadas para proteger el compromiso de Josefina, a la que ambos padres le dijeron que olvidara al carpintero y se alegrara por el gran futuro que tenía por delante.

 Transcurridos unos días, y mientras se realizaban los preparativos para la boda de Agustín y Josefina, la gente que vivía cerca de la Iglesia de San Sebastián empezó a rumorear acerca de un fantasma que se veía en el parque frente a la Iglesia. Comentaban que parecía ser un muchacho joven y que lo veían siempre sentado en una «Confidente» a altas horas de la noche, y cuando la gente se acercaba a preguntarle si se encontraba bien, este iba desapareciendo conforme se aproximaban a él. No tardaría la gente en decir que aquél espíritu se parecía a Gabriel, pero para ese tiempo el compromiso de Josefina se había cancelado. Sumida en una depresión, había perdido peso y el característico brillo de su belleza, esfumado aquél encanto que cautivó a Agustín, este se excuso con los señores Rendón pero no se podía casar con aquella flor marchita. Para evitarle más sufrimiento, y tal vez por vergüenza, sus padres la enviaron a una escuela católica en la Ciudad de Valladolid, ahí finalmente Josefina se dejaría morir lentamente.

 Pronto, al solitario fantasma se le sumaría una compañera. Josefina fue enterrada en el Cementerio General de la Ciudad de Mérida, a pesar que sus padres contaban con un terreno para dar cabida a un mausoleo, por cuestiones financieras tuvieron que optar por una tumba más sencilla. Pero al poco tiempo la gente de San Sebastián encontraría cierto parecido de la nueva fantasma, Don Martín creía que Josefina y Gabriel deseaban pasar juntos la eternidad en el mismo lugar donde nació su amor. Por ello acondicionó la tumba para parecer un pequeño parque o jardín, y pidió autorización al Ayuntamiento de Mérida para comprar las sillas en donde aparecían los fantasmas. A pesar de que durante el traslado y la instalación en la tumba ambas sillas fueron separadas, Don Martín pidió que no se volvieran a unir, más bien serían puestas una a lado de la otra, como en vida debieron de estar ambos jóvenes.

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 Aún hoy en día se comenta entre las personas que cuidan el Cementerio, que en ciertas noches se puede ver a ambos fantasmas sentados platicando alegremente.

 *Relato escrito por nuestra colaboradora Sharkgirl para Shark Canal. Aclaración del autor: «desconozco a quien pertenece la tumba que forma parte del trama central de mi relato, sin embargo quise realizar una pequeña leyenda basada en ella, esto debido a que me pareció un elemento poco usual en un Cementerio y que hacía un gran contraste con los demás elementos funerarios. En ningún momento es mi afán ofender o faltar al respeto a los familiares a los que pertenece esta tumba». 

  Nuestro único objetivo es ofrecer contenido para enriquecer y renovar las propias leyendas urbanas de Yucatán.

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Colaboración: La chica tiburón, en conjunto con Antgirl

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