Historias del Más Allá

El misterioso caso de la señorita Miriam Golding

 En el número correspondiente a septiembre de 1956, de la revista «Fate», Miriam Golding relataba una experiencia que le ocurrió en el otoño de 1934, cuando al salir de un ascensor se encontró en otro plano de existencia.

 Miriam y su prometido se hallaban en un ascensor lleno de gente, en una tienda de música de Chicago cuando, inadvertidamente, ella salió a otra planta de la deseada, siéndole imposible retroceder de nuevo al ascensor.

 Miriam suspiró, disponiéndose a aguardar el regreso de la cabina, cuando al mirar a su alrededor, se quedó estupefacta al comprobar que no se hallaba en la tienda de música sino en una estación de ferrocarril.

 Divisó riadas de gente que se apresuraba hacia los trenes, o apeándose de ellos. Oyó cómo por los altavoces anunciaban los horarios de llegadas y salidas. La gente compraba bocadillos (sándwiches) y bebidas en los mostradores del bar, adquiría billetes en las taquillas, o se paseaba con impaciencia por las salas de espera. Ella se aproximó al mostrador de información, pero se apartó de allí cuando una empleada pareció ignorar totalmente sus preguntas.

 Al fin Miriam observó un signo que indicaba la salida y siguió la dirección señalada. Era una tarde muy hermosa de mediados de verano. Al otro lado de la calle estaban terminando la construcción de una casa de ladrillos rojos. La calle estaba muy concurrida, pero todo el mundo ignoraba su presencia y ella no tenía ninguna idea de dónde estaba.

 Deambuló por las calles durante varios minutos hasta que distinguió un adolescente de pie cerca del centro de la acera que miraba en todas direcciones. Se le acercó, apenas esperando poder establecer contacto con él. De pronto, él le sonrió.

 – Supongo que también tu has entrado donde no debías – exclamó el joven.

 Miriam, inmediatamente, lo comprendió. Por muy fantástico, por muy improbable que pareciese, les había sucedido lo mismo a los dos. Aquella desdicha mutua creó un fuerte lazo de amistad y comprensión y los dos prosiguieron caminando por una amplia avenida.

 El chico le explicó que había estado jugando al tenis en Lincoln, Nebraska. Luego se dirigió al vestuario para cambiarse de zapatos y, cuando volvió a salir a la pista, se encontró en la estación de ferrocarril. Miriam y el muchacho se maravillaron, preguntándose qué extraña fuerza los había llevado a él desde una cancha de tenis de Lincoln, y a ella desde una tienda de música de Chicago, a una ignorada estación de ferrocarril.

 Eventualmente, salieron a campo abierto donde, de forma asombrosa, Miriam vio a la hermana de su prometido, en una especie de duna de arena, junto con otras jóvenes. Todas la vieron y empezaron a llamarla, agitando las manos.

 El muchacho también se mostraba muy excitado. Tal vez aquellas muchachas formasen una especie de lazo o conexión entre las dimensiones. El joven se despojó de sus ropas hasta quedarse solamente con el pantaloncito de tenis.

 – No está lejos el mar – le dijo a Miriam -. ¡Nos han visto! sé que puedo llegar hasta ellas en pocos minutos.

 Las figuras de las chicas continuaron donde estaban, pero el muchacho, a pesar de ser un buen nadador, no logró acercarse a ellas, ni romper la separación entre los dos mundos. Agotado, volvió al final a la playa, completamente desalentado. Cuando él y Miriam volvieron a mirar hacia la duna, los jóvenes habían desaparecido.

 Miriam estaba destrozada. ¿Se quedaría atrapada por siempre jamás en aquel plano de existencia? de repente se vio envuelta en unas espesas tinieblas y sintió como si flotase en el espacio.

 Con una fuerte sacudida, se encontró sobre un taburete de la tienda de música, con una revista abierta ante ella. Un reloj indicaba la hora de cerrar y los empleados le dirigían miradas de impaciencia. Miriam buscó con la mirada a su prometido mas no pudo verle. Al fin, decidió irse directamente a casa, pero descendiendo por la escalera y no por el ascensor.

 » Cuando llegué a mi casa – explicó Miriam Golding en su relato -, fue mi novio quien abrió la puerta. Ciertamente, se mostró aliviado. Dijo que me había perdido en el atestado ascensor. Cuando salió a la planta baja, no pudo localizarme. Pensando que yo había salido en otro piso, esperó un rato y al final decidió volver a casa.»

 Miriam al entrar en su casa se asombró al ver a la hermana de su novio y a sus amigas, las mismas que había visto en aquella playa. La hermana del novio le sonrió y le preguntó porqué había tardado tanto.

 – Te vimos en la ciudad – añadió la hermana del novio -, pero estabas tan distraída que ni siquiera nos has oído -.

 ¿Dónde estuvo Miriam Golding durante aquellas horas, lejos de la realidad convencional?

 ¿Qué distorsión del tiempo y el espacio hizo aparecer a Chicago a orillas del mar?

 ¿Cómo aquellas jóvenes pudieron servir de enlace entre dos dimensiones, de forma que cierta clase de comunicación, aunque falsa (puesto que las jóvenes habían visto a Miriam con su novio y no con el chico de Lincoln, en tanto que ella las vio en una playa y no en Chicago) llegara a establecerse?…

 ¡¡¡Cuantos infinitos secretos nos tiene oculto el universo!!! ¿No es cierto?… hasta el próximo insondable misterio…

Tomado de la extinta web Editorial Bitacora, Historias del Más Allá.