Terror

La procesión de los muertos

Juan regresaba a la Ciudad de Mérida, había ido a Cancún por unos negocios y aunque su estancia se prolongó por más de 2 semanas, no le importaba, amaba su trabajo y sobre todo viajar. Aprovechaba estas salidas de negocios para visitar diferentes poblados de Yucatán, quería mucho a su Estado y por ello se esmeraba para conocerlo a profundidad, después de cerrar un negocio les recomendaba a sus clientes visitar algún lugar de Yucatán de acuerdo a sus intereses.

Esta vez hacía lo mismo, en su trabajo le daban uno o dos días de descanso después de cada trato que cerraba así que no tenía prisa por volver, al menos eso había planeado ya que tuvo que modificar su ruta a media tarde, su tía le había marcado para decirle que su madre estaba enferma pero que no era nada grave. Juan se inquietó, a su madre no le gustaba preocuparlo durante sus viajes. Seguía con calma su ruta mientras escuchaba algo de su música favorita, necesitaba llegar con su madre, pero no por ello aumentaría la velocidad.

Era finales de Octubre, y aunque al iniciar su recorrido lo había hecho con buen tiempo, conforme iba cayendo la tarde las nubes en el horizonte anunciaban lluvia. El reloj automático del auto marcaba las 8pm cuando empezó a llover, el camino que Juan seguía estaba cubierto de monte, no había lugar seguro para detener el auto así que solo disminuyó la velocidad y continuó. Pocos kilómetros adelante el camino se abría para convertirse en una vía de doble sentido, Juan pensó que estaba por acercarse a un pueblo.

El inicio del poblado lo anunció el cementerio, a Juan le pareció ver luces en aquel lugar, recordó que las celebraciones del Hanal Pixán o Día de Muertos estaban próximas así que lo atribuyó a eso, pero descuidar su vista del camino para observar aquellas luces le hizo invadir el otro carril, en ese momento un enorme tráiler hizo sonar su claxon, Juan frenó de golpe, pero el auto derrapó por la carretera y comenzó a dar volteretas.

Al poco rato Juan despertó, su auto se encontraba de cabeza a un lado del camino, probablemente él había salido volando ya que estaba tirado en la carretera. Se sorprendió al ver que no tenía ni una sola herida, se levantó y se dirigió hacia su vehículo, en ese momento le pareció oír voces. Aquellas voces emitían lo que parecían ser cantos o rezos en lengua maya, a lo lejos Juan pudo ver unas pequeñas luces que se iban haciendo cada vez más grandes, ¿eran aquellas luces las que se encontraban en el cementerio? Al menos eso parecía ya que venían de esa dirección.

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Pronto Juan ya no solo veía las luces con mayor claridad, sino que también observó que aquellos cantos y rezos eran emitidos por una procesión de personas vestidas de blanco, aquellas personas cargaban veladoras y flores. Juan se quedó petrificado, recordó que de chico su abuela le decía que durante las noches de las celebraciones del Día de Muertos se hablaba de la Santa Compaña, este era el nombre que recibía la procesión de las animas que iban y venían durante estas fechas, algunos decían que ver esta procesión era una señal funesta e infernal por eso antiguamente las personas no salían de noche en esos días. Ahí, a un lado del camino, Juan miraba con asombro esa procesión, no podía verles los rostros a las personas ya que misteriosas sombras se los cubrían, pero sí pudo observar que aquellas veladoras y flores eran sostenidas por esqueléticas manos. Pasado un rato, algunos miembros de aquella sepulcral procesión repararon en la presencia de Juan y se empezaron a dirigir hacia él, Juan sabía que sería conducido al otro mundo por esas animas. Cuando algunos ya estaban demasiado cerca e incluso habían estirado sus brazos para asirlo de sus ropas con su manos de cadáver, se escuchó un fuerte “¡NO!», Juan mientras tanto no pudo soportar más y poco a poco fue perdiendo el conocimiento pero antes de desmayarse por completo pudo escuchar y ver que aquella voz también decía lo siguiente: «es mi único hijo, aún no es su hora, tiene que ir a reunirse con su esposa e hijos, aléjense de él”. La voz provenía de su madre, Juan la pudo ver bellamente vestida de un hermoso Hipil blanco con un bordado de coloridas flores.

Al día siguiente Juan despertó en un Hospital, su auto se había salido de la carretera, dio vueltas en el aire y él salió expulsado hacía el duro pavimento, donde debido al golpe perdió el conocimiento, los pobladores de las cercanías le habían dado los primeros auxilios, según los doctores fue extraordinario que sobreviviera su traslado hasta el Hospital.

Mientras Juan se recuperaba se había enterado que la misma noche que él se accidentó su madre sufrió de un fatal infarto al corazón, sin duda sabía que si había sobrevivido fue gracias al espíritu de su madre que aún después de muerta veló por su bienestar.

Nuestro único objetivo es ofrecer contenido para enriquecer y renovar las propias leyendas urbanas de Yucatán.

dementor

Colaboración: La chica tiburón, en conjunto con Antgirl

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