Terror

El diablo se quiere llevar a mi bebé

 María era originaria de la Ciudad de Puebla, ahí había vivido toda su vida y no estaba en sus planes mudarse, aunque no se imaginó que por el trabajo de José tuviera que irse a vivir a la Ciudad de Mérida. José era un buen marido, aunque no llevaban más de un año de casados ya tenían a una hermosa bebita de apenas un mes de vida. Si María estaba algo triste no era porque no estuviera preparada para dejar su lugar de toda la vida y a su familia, sino más bien por qué no toleraba bien a los familiares de José.

 La familia de María se enorgullecía de ser partidaria del progreso y los cambios de la sociedad actual así como de ser ateos. Aunque ser partícipes de las ideas de igualdad y equidad no los hacía ser buenas personas, tendían a sentirse superiores a los demás por su estatus social y económico, al punto de ser en ocasiones racistas y discriminadores. Sus padres no pusieron peros al matrimonio con José, ya que eran novios desde hace 4 años y él había demostrado ser un hombre trabajador e inteligente, era un reconocido Ingeniero de la Construcción en la Ciudad de Puebla. La boda se celebró en Puebla y José solo pudo traer a su familia más cercana ya que a muchos de sus parientes el vuelo en avión les incomodaba y no podían costearlo. La familia de José eran humildes habitantes del Municipio de Xocchel, muchos de ellos solo hablaban maya, y cuando María los conoció no pudo evitar sentir un poco de repulsión hacia ellos por su modo de vestir y el lenguaje que usaban.

 Por eso, la idea de irse a vivir con ellos no le era de todo agradable, José había comprado una casa para que su Madre y su Tía le ayudaran a María con la bebé debido a que él a veces tenía que viajar, cosa que tampoco le agradó mucho a María, quería que su hija creciera con la mejor educación posible, aparte de que ella había estudiado para pediatra y en su parecer no había mucho que aquellas señoras pudieran enseñarle, en cambio pensaba que únicamente se dedicarían a juzgarla y criticarla por la manera en que cuidara a la bebé.

 Esto sucedió por ejemplo con el bautizo de la niña, constantemente la Madre de José preguntaba en qué fecha programarían el bautizo, María quería que los padrinos fueran unos amigos de ella aparte de que deseaba que la mayoría de sus familiares acudiesen a él, al igual que aún tenía la esperanza de que regresaran a Puebla y hacerlo ahí mismo, cerró el asunto diciendo que ella misma se encargaría de ver todo y de confirmar la fecha.

 La Mamá de José no siguió insistiendo con eso, más bien pronto en su cabeza estuvo la cercanía del mes de Octubre, como le habían enseñado sus ancestros, le puso una pequeña pulsera de hilo negro a la bebita además de que cada noche ponía debajo de la hamaca donde dormía la nena una cruz. Todo esto le causaba gracia a María aunque pensó que no había nada de malo dejar que la abuela de la bebé conviviera con ella y realizara esas viejas costumbres.

 Pronto llegó el 31 de Octubre, fuera de la celebración hubiese sido un día rutinario para María si la Tía no se hubiese torcido y fisurado el tobillo. José se encontraba de viaje, y los demás familiares se encontraban en el pueblo, por lo que María tuvo que llevar a la Tía al médico, ahí el especialista les dijo que sería necesario dejar a la señora en revisión. La Madre de José le comentó a María que ella se quedaría con su hermana, ya que pasar sola la noche en el Hospital no era idea de su agrado. Sin embargo antes de que María se marchara con la beba, la Mamá le hizo la siguiente súplica, “María, sé que tú no crees en estas cosas, pero hoy llegan los difuntos, eso no es malo, pero existe gente mala, brujos, que usan estás fechas para lanzar sus maleficios. La nena aún no está bautizada, por eso te pido que no le quites la pulsera y que pongas una cruz debajo de la hamaca donde duermes con ella, no habrás la puerta si solo tocan una vez y no responden cuando preguntas quien es, mi Madre decía que podía ser mal viento, una maldición que era lanzada en las noches de estas fechas. Aunque tú no creas en eso, hazlo por la nena”. María le dijo a su suegra que no se preocupara, que ella seguiría las instrucciones que le había dado.

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 El día pasó sin novedad, en la tarde José llamó preguntando si todo estaba bien, María le contó lo sucedido, le dijo que desde que dejó a su Mamá en el Hospital no había tenido contacto con ella, ya que no sabía usar ni tenía un teléfono. José dijo que su viaje estaba a punto de terminar y que pronto regresaría a la casa.

 María le puso a la nena la pulsera de hilo negro, colocó un crucifijo debajo de la hamaca y procedió a dormir una siesta junto con la bebé. Al poco rato un golpe a la puerta la despertó, todavía medio dormida María caminó hasta la puerta, parada frente a ella preguntó “¿Quién es” pero no hubo respuesta. Creyéndolo haberlo soñado, María se dirigió a la cocina, quería prepararle a la bebé su leche ya que dentro de poco se despertaría con hambre, pero justo cuando se dio la vuelta un nuevo toque a la puerta la hizo quedarse paralizada en ese mismo lugar, de nueva cuenta preguntó “¿Quién es”? Pero esta vez le respondieron, “Yo”. La voz le pareció que era de su suegra, por lo que abrió la puerta.

 Nada, no había nadie al otro lado, sumamente extrañada María cerró la puerta. Se encontraba en la cocina cuando escuchó unos arañazos, al parecer venían de la puerta principal, de nueva cuenta se quedó ahí de pie frente a ella, ahora no solo eran arañazos, débiles golpes sacudían la puerta. Los arañazos pronto subieron de intensidad, no habían pasado ni 5 minutos cuando se escuchaba como si quisieran arrancar pedazos metálicos de la puerta y los golpes la sacudían violentamente. María estaba asustada, algo quería entrar, el ruido en la puerta asustó y despertó a la beba que dormía en la habitación y comenzó a llorar, el llanto de la bebé pareció ser el combustible para que los ataques a la puerta subieran de nivel, como si quisieran arrancarla.

 Finalmente María salió de su trance, se dio la vuelta para ir por su teléfono, quería llamar a la policía, a José, a cualquiera que pudiera venir en su auxilio. A su espalda la puerta finalmente cedió, un fuerte viento tumbó a María en el suelo. Todavía aturdida por el golpe María trató de ponerse de pie pero algo duro y caliente se puso sobre su espalda, sintió que un gran peso se paraba sobre ella manteniéndola en el suelo y asfixiándola, frente a sus ojos algo se posó en el suelo. Era una pata, una pata de cabra, el peso fue liberándola poco a poco y vió que tan pronto cedió del todo otra pata se posaba frente a sus ojos, aquellas patas siguieron su camino. Recordó a su suegra con sus preocupaciones, María había atrapado un mal viento, de aquellos que dicen que las brujas o brujos arrojan en las noches de ciertas fechas, cuando la magia negra es más fuerte, aquella maldición no era para ella, pero al abrir la puerta la había dejado entrar a su casa.

 Sujetó una de aquellas patas, pero enseguida quemó su mano y solo vió como se dirigían hacia la habitación de su bebé quién lloraba aún más. Iba por su bebé, por su nena de apenas un mes y sin bautizar, ¿Acaso la protegerían de aquel ser infernal el hilo negro y el crucifijo? Mientras las patas se iban alejando del alcance de María, ella solo pudo pronunciar débilmente “por favor, no a ella, yo tampoco nunca fui bautizada”.

 José llegó en la mañana a su casa, había pasado por su Madre al Hospital, la condición de su Tía era estable. Tan pronto llegaron notaron que la puerta estaba cerrada pero no tenía el seguro puesto, se encontraba dañada y parecía como si la hubieran abierto a la fuerza, al entrar al interior de la casa no podían creer lo que sus ojos veían. El desastre era inmenso, cosas tiradas y regadas por donde sea, José inmediatamente corrió a la habitación del bebé a la vez que gritaba el nombre de su mujer, mientras su Madre analizaba el desastre como tratando de encontrarle una explicación. Al levantar algunas cosas, notó que el suelo de madera de la sala tenía unos pequeños arañazos, 2 grupos de pequeños surcos que comenzaban en la sala y terminaban en la puerta, no pudo evitar sentir un escalofrío. José regreso con ella, tenía a su bebé en sus brazos, sana y salva, pero de María no había ningún rastro.

Nuestro único objetivo es ofrecer contenido para enriquecer y renovar las propias leyendas urbanas de Yucatán.

dementor

Colaboración: La chica Tiburón, en conjunto con Antgirl

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