Historias del Más Allá

Vampiros reales

 Los autores, Jordi Ardanuy Baró, Valentín Ferrán Redero y Martí fló, en su extraordinario libro «Vampiros: Magia Póstuma Dentro y Fuera de España», publicado por Ediciones Luna Negra. Nos relatan una historia por demás sorprendente, ocurrida en 1890, en las islas Cagayan Jolo, cerca del norte de Borneo.

 Cuentan que un tal Ethelbert Forbes Skertchley, miembro de la Sociedad Asiática, fue informado por los lugareños, sobre un extraño fantasma que sorbía la sangre de la gente y tenía aterrorizado a los habitantes de la isla con sus apariciones nocturnas. Según sus informantes, estos seres chupaban sangre de humanos para sobrevivir, y su apariencia se distinguía de la nuestra por tener las pupilas de los ojos en forma de gato, el blanco del ojo, rojizo, y una capacidad sorprendente para ver en la oscuridad. El nombre que los habitantes de la isla le daban a estos extraños seres era «Berbalangs».

 Forbes Skertchley, escuchó de sus labios las extrañas maniobras de estos vampiros. Le dijeron que aquellos seres eran capaces de volar, y que entraban en la casa de sus víctimas, sin que éstos se dieran cuenta, alimentándose con su sangre. En ocasiones, se le podía oír por el batir de sus alas y le aseguraron que sus ojos emitían cierto fulgor. Los «berbalangs», tenían la costumbre de abrir las tumbas de los recién enterrados, y devorar sus cuerpos buscando la sangre aún fresca.

 Se pensaba que rociando zumo de lima sobre las tumbas, impedía acercarse a los «Berbalangs», por lo que todos los habitantes de la isla enterraban a sus muertos cerca de sus casas, o bajo ellas, y rociaban diariamente el mencionado zumo sobre los sepulcros.

 El inglés, dispuesto a averiguar todo lo que había de verdad en este asunto, se hizo acompañar de un guía nativo, llamado Matali, y se adentró en las poblaciones interiores donde supuestamente vivían estos engendrados, y donde sus actividades habían hecho mayores estragos.

 Al llegar a las cercanías de una población donde los «berbalangs» habían realizado su último ataque, Matali sintió miedo y no quiso continuar el viaje. Forbes Skertchley, lejos de sentir lo mismo que su acompañante, y no sin antes tener que oír los ruegos de precaución de su guía, se adentró en solitario en el poblado, con la sola ayuda de un kris (una daga malaya de hoja ondulada) y unos cuantos frutos de lima. En el pueblo, se encontró con una docena de cabañas desiertas. Todas ellas se hallaban en perfecto estado y todavía podían verse a los animales domésticos resguardados en sus corrales; sin embargo, todo parecía indicar que el poblado había sido abandonado precipitadamente.

 El inglés regresó junto a su guía y le contó lo que acababa de ver. Matali, con el miedo en el cuerpo y mirando a todas partes, aconsejó a Forbes alejarse de allí cuanto antes, pues los «Berbalangs» debían estar cerca y la noche estaba a punto de hacer su aparición.

 Habiendo cubierto ya la mitad del camino de regreso, pasaron cerca de un palafito habitado por un conocido de ambos, pero un ruido aterrador sobre sus cabezas, les obligó a ocultarse entre las zarzas. Matali, pensó de inmediato que se podría tratarse de los «Bergalangs» y sus sospechas se vieron confirmadas cuando los quejidos que acababan de escuchar, cesaron, y un batir de alas, seguido de unas figuras antropomorfas, pasaron volando sobre ellos, dejando al inglés con la boca abierta. Por suerte, los dos hombres se habían ocultado muy bien y aquellos seres fantásticos se alejaron sin que les vieran. Pensaron en Hassan, el amigo que vivía en el palafito, y se sintieron tentados de visitarlo y comprobar que no le había pasado nada, pero el miedo, unido a la noche que ya lo envolvía todo, les hizo cambiar de opinión y continuaron marcha a lugar seguro. Forbes, volvería al día siguiente, y trataría de asegurarse que nada le había ocurrido a su conocido.

 A la mañana siguiente, muy temprano, Forbes Skertchley, se dirigió solo (pues no encontró a nadie que quisiese acompañarle), al palafito de su amigo. Al llegar, le pareció que nadie se encontraba en su interior y se tomó la licencia de entrar. En el dormitorio, y acurrucado en la cama con la cara contraída y los ojos llenos de terror, encontró muerto su amigo Hassan. Más tarde se comprobó que no tenía una gota de sangre en el cuerpo.

 Esta historia, que a simple vista puede parecer producto de un guión hollywoodiense, fue publicada en el Journal of the Royal Asiatic Society of Great Britain and Ireland.

Tomado de la extinta web Editorial Bitácora, Historias del Más Allá.