Terror

La chica de los gatos

 Se decía de la Madre de Mariel que era una bruja, y para ella eso era claro, cuando era pequeña veía que muchas mujeres visitaban a su mamá para pedirle «amarres» para un hombre que amaran. Finalizada la ceremonia y cobrado el trabajo, su Madre procedía a darle un sermón sobre lo poco confiables que eran los hombres y le recomendaba nunca enamorarse, que si algún día se sentía sola, era mejor la compañía de un perro o un gato. Mariel nunca supo nada de su padre, en la casa solo eran su madre, el noble perro de nombre Máximo y ella.

 El discurso de odio de su Madre sobre el sexo masculino también era llevado a cabo en la realidad, sus clientes eran exclusivamente mujeres, y a Mariel se le prohibió cualquier contacto con hombres. La relación que tenía con ellos era meramente superficial, de compañeros de clase a lo mucho, pensar en ellos como amigos era imposible, y ni hablar de tener enamorados.

 Por eso cuando su Madre murió, y su perro poco después, se vio sola en el mundo a los 35 años, así que nació en ella un deseo de recuperar los años perdidos y empezar a tener amistades, y si era posible, una pareja.

 Al principio trató de convivir más con sus compañeros de trabajo pero era muy difícil para ella, al poco tiempo se fastidió de los silencios incómodos, era claro que no se sentían a gusto o en confianza con ella.

 Viendo que las relaciones de amistad no eran fáciles, Mariel decidió mejor buscar un romance, pero nunca antes había intentado tener un novio, por ello recurrió a las apps de encuentros de amistad y romance. Y es que Mariel no era una chica fea, al contrario, se podría decir que era muy linda, no en pocas ocasiones algún admirador decidió acercarse para intentar enamorarla pero temiendo a su Madre ella tenía que alejarlos de su vida.

 No pasó mucho tiempo para conseguir su primera cita, acudieron a un restaurante pero después de un rato era evidente que el hombre se encontraba sumamente aburrido, los intentos de tener una plática amena eran en vano, a Mariel le costaba mucho hablar, ya sea de ella misma o incluso de temas triviales, y aunque el muchacho trató de romper el hielo en repetidas ocasiones, al poco tiempo la charla se volvía a hundir en un profundo silencio.

 En cada cita que tenía se volvía a repetir la misma situación, cansada de esto, Mariel trató de buscar temas de conversación en las redes sociales, comenzó a leer los libros de su biblioteca personal y de la de su Madre, incluso los de brujería. Ella recordó que durante una de las escasas visitas de los parientes de su Madre, una tías le habían dicho que su mamá enamoró a su Padre por medio de hechicería.

 Después de un tiempo tuvo otra cita, y aunque esta vez pudo mantener la atención del hombre, era claro que, o no era el método ideal para buscar pareja o al menos él esperaba algo más de ella. A Mariel no le interesaba, era tanta su soledad que en su mente tenía la determinación de que haría lo que sea por nunca más estar sola. Invitó al hombre a su casa, y pudo vislumbrar una especie de brillo en los ojos de él al pronunciar esas palabras. Llegaron a su casa, Mariel sirvió unas bebidas para ambos y se sentaron en un sofá, y aunque era una inexperta, se moría de ganas de sentir las manos de aquel hombre sobre ella.

 Sin embargo las cosas se salieron de control, el hombre iba demasiado aprisa, Mariel quería disfrutar el contacto con otro cuerpo, hacer que sea un momento soñado. Le repetía al hombre que más despacio, que lo hiciera con cariño, pero aquel estaba tan excitado que quería ir al grano, la sujetaba con fuerza, Mariel luchaba por zafarse pero todo era inútil, él era más fuerte. Desesperada, entró en pánico y no vio otra manera de liberarse que golpearle en la cabeza con un objeto, lo hizo con tanta fuerza que el tipo quedó noqueado en el piso. Mientras ella lo miraba fijamente asustada y llorando, pensaba sobre si todas sus citas serían así siempre por ello no pudo evitar recordar las palabras de su Madre, y pensó que tal vez tendría razón, si de verdad no quería estar sola, era mejor pensar en la compañía de un perro o un gato que en la de un hombre; ella siempre había querido tener un gato pero su Madre nunca la dejó.

 Tiempo después Mariel se veía totalmente cambiada, era feliz y se le notaba, un día, antes de salir rumbo a su trabajo recibió la visita de una de sus vecinas, – Linda, no me gusta mucho quejarme y en los años que hemos sido vecinas no he tenido motivo para hacerlo, pero quisiera pedirte que cuides que tus gatos no deambulen por las casas de los demás, no ha todos les agradan los animales y podrían envenenarlos -. Mariel se disculpó, de los 5 gatos que recientemente había “adoptado” sólo uno era rebelde, se salía para tener sus encuentros íntimos con las gatas de los alrededores, pensó que había sido mala idea tratar de domesticarlo pero era tan lindo cuando lo vio por primera vez que no pudo evitar quererlo para ella. Aunque no quería castrarlo, sabía que era la única manera de poder tenerlo controlado.

 Por fin Mariel ya no se sentía sola, hacía tiempo que había renunciado a conseguir novio, los gatos eran mejor compañía para ella. Ese día llevaba una bebida casera para su compañeros de trabajo, el día anterior les había dicho que quería invitarles, y mientras servía el líquido en un termo grande, aquellos gatos la rondaban a sus pies, dándole mimos y caricias, y muy pronto sus compañeros de trabajo se les unirían.

gato y brujeria

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Colaboración: La chica Tiburón, en conjunto con Antgirl

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