Historias del Más Allá

El color surgido del espacio

 «El Color Surgido del Espacio» es una novela del maestro del horror, H. P. Lovecraft (1890-1937), y si hemos titulado la siguiente historia con éste nombre, es por su gran parecido con el relato de ficción, aunque en éste caso nos referimos a un suceso real. Pero pasemos directamente a los hechos.

 Nos encontramos en 1927, en la campiña de Omsk, una pequeña ciudad de la Federación Rusa. Una noche de otoño de ese año, un labriego (del cual no hemos podido obtener su nombre), se despierta sobresaltado por uno violento estruendo en la caballeriza. El hombre, escucha a continuación cómo sus animales relinchan con furia y terror, y se levanta de la cama dispuesto a averiguar qué sucede. En un principio pensó en ladrones y por ello se hizo acompañar de una afilada horca. Al llegar al establo, sus oídos se vieron bombardeados por el pataleo desesperado de sus caballos contra las paredes de madera, y al abrir la puerta, los animales salieron en estampida completamente aterrados, derribando a su paso a nuestro protagonista, que escapó de la muerte de milagro.

 Maltrecho, se levantó del suelo y dirigió su mirada al interior del local donde la oscuridad no le permitía ver nada. Con paso renqueante, volvió a la casa en busca de una linterna, y al regresar al lugar se le unieron unos vecinos, que también habían escuchado el estruendo inicial, armados con palos y arpones, dispuestos a averiguar lo que allí pasaba. Pero al entrar en el cobertizo, sus mandíbulas cayeron de puro asombro y sus ojos se resistían a creer lo que estaban viendo. De una lado a otro del amplio local, una enmarañada red de hilos plateados cubría el suelo, las paredes y el techo, conformando lo que sería un cúmulo de extrañas telas de araña. Estaban entretejidas entre sí y su resistencia era considerable. Los hombres se abrieron paso dificultosamente entre aquel misterioso matorral y se encontraron con un gran agujero en el techo, como si una enorme piedra hubiese caído allí desde el cielo. Los hombres buscaron los restos del meteorito pero no encontraron absolutamente nada.

 Pero las sorpresas no estaban destinadas a detenerse ahí; uno de los hombres enfocó con su linterna hacia un montón de paja arrimada contra la pared, y el haz de luz le descubrió una forma palpitante, parecido a una calabaza blanquecina, que se dilataba y contraía como un corazón humano. Al verse descubierta, la «cosa» comenzó a correr hasta la pared opuesta y todos pudieron ver en su masa como un asomo de rostro. Asustados, los hombres vieron como aquella cosa repulsiva y anormal sacaba de su cuerpo unos tentáculos, y los dirigía en dirección a ellos. Algunos salieron corriendo muertos de miedo, pero otros se quedaron y atacaron sin vacilaciones a la cosa, golpeándola una y otra vez con sus palos y horcas. La misteriosa sustancia quedó hecha un amasijo de materia blanda, viscosa y blancoazulada, y rápidamente los hombres avisaron a las autoridades locales.

 Nadie supo dar cuenta de semejante criatura. Algunos quisieron ver en ella una similitud con el pulpo, pero la verdad es que nada indicaba que lo fuera. En cuanto al agujero en el techo y la maraña de hilos plateados, tampoco se llegó a conclusiones satisfactorias. Algunos pensaron que la criatura pudo ser la causante del desfondamiento del techo, y otros que la madeja de hilos pudieron ser debido a un «hipotético vehículo hecho jirones», pero en esencia, no se entresacó ninguna solución al misterio.

 Ignoramos que se hizo con el ser capturado y con los hilos plateados, pero lo cierto es que los periódicos de la región recogieron en aquellas fechas la noticia, sin que ni ellos, ni las autoridades, pudieran jamás explicar tan novelesco suceso.

 ¿Se inspiraría H.P. Lovecraft en ésta historia, para escribir su relato «El Color Surgido del Espacio?

Tomado de la extinta web Editorial Bitácora, Historias del Más Allá.