Relatos

Capítulo 7. Señorita Muerte categoría 2

Miss Murder

 Ibis bajó de la zona VIP, el show de la banda argentina había terminado; la segunda parte del desfile comenzaría y la banda de rock clásico volvió a subir al escenario para tocar de nuevo durante el recorrido en la pasarela, mientras ella veía esto por las pantallas gigantes ubicadas en toda la Hacienda se dirigió hacia uno de los Food Truck, pidió una hamburguesa y comenzó a cenar, poca gente quedaba en la primera sección, la mayoría se había ido a ver el desfile.

 La habilidad de Luna le era muy útil en su trabajo, ella le había contado que podía aplicar ciertos efectos, modificar la luz y estructurar la escena a fotografiar, se podría decir que gracias a ese poder podía crear la fotografía perfecta en su cabeza, aunque esto era muy agotador para ella, había visto su trabajo en acción por eso no le extrañaba que se encontrara trabajando en las altas esferas de la moda. Mientras veía pasar a las modelos en la pantalla pensó acerca del cambio de actitud de Ampelis, estaba desconcertada, ¿era por su personalidad excéntrica que se había comportado así hace un momento? Ibis se había sentido demasiado incómoda, por ello prefirió salir a tomar aire fresco. – Espero no haberte ofendido Ibis – era la voz de Ampelis, a pesar de haber mencionado su nombre Ibis no volteó a verla pero pronto la mano de Ampelis estaba sobre su hombro.

 Aquella mano apretó su hombro, primero suavemente y luego fue aplicando mayor fuerza, – ¡Te estoy hablando mocosa, no te atrevas a ignorarme! – Ampelis la jaló violentamente tirándola al suelo, la poca gente de los Food Trucks y de los alrededores se quedó mirando la escena, tirada en el suelo Ibis contempló el rostro de Ampelis, sus ojos escarlatas eran de un tono más fuerte, su semblante no parecía de enojo, al contrario, no mostraba ninguna emoción. Ampelis le extendió la mano para ayudarla a levantarse, pero Ibis no le prestó atención, se levantó y se disponía a alejarse cuando Ampelis la sentó de nuevo, – escucha bien esto Ibis, más te vale alejarte de Luna, por su seguridad y la tuya, no sé cómo diste con ella pero no voy a dejar que muera por tu causa, tengo mucha curiosidad e interés en su persona, ¿siquiera sabes su verdadero nombre? -.

 Ibis se quedó estática, ¿el verdadero nombre de Luna?, estuvo a punto de marcharse dándole un golpe a Ampelis si era necesario, pero ahora esas palabras la habían detenido por completo, ¿Luna no le había dicho su nombre real?, ¿Por qué ella le mentiría en ese aspecto?.

 – Su verdadero nombre es Passerina, y te repito, por tu bien más te vale… -, – ¡¿Qué sucede aquí?! – Ibis se sobresaltó, era la voz de Luna, volteó a ver y ahí estaba, – ¿todo bien Ibis? -, – Claro que todo está bien – contestó Ampelis. – Le pregunté a Ibis, no a ti Ampelis – la actitud de Luna era muy agresiva, Ampelis la miraba fijamente, tenía en el rostro un semblante alegre y tranquilo pero eso no engañaba a Luna, ella había visto la situación, – en realidad todo está bien, solo conversaba con Ampelis pero ya terminamos de hablar – respondió finalmente Ibis. – Bueno, ya que están ambas quería invitarlas a la reunión que tendremos en mi casa, Eibbed y yo ofreceremos una fiesta, no nos quedaremos hasta el final del evento, ¿qué dices Ibis, logré convencerte de acompañarnos? -.

 Ibis aceptó la oferta, Ampelis la había confrontado y amenazado, tenía información de Luna y posiblemente de ella también, no tenía miedo, aunque no había pensado en algún modo de usar a Boros como arma pensó que llegado el momento podría ordenarle atacar a cualquier agresor. Sabía que Luna conocía de arte marciales, incluso le había enseñado algunos movimientos, tenía confianza de que si llegase el momento necesario ambas darían una dura pelea.

 Tres limusinas llegaron por ellas a la entrada, además de Luna, Eibbed, Ampelis y ella, las acompañaban otras 10 mujeres. Luna pidió que ellas solas abordaran una limusina, – con gusto dulzura, pueden usar el vehículo para divertirse ustedes dos solas – fue la respuesta burlona y sarcástica de Ampelis. Abordaron la fina y elegante limusina, 2 bebidas las estaban esperando en el interior, cuando ambas se encontraban ya en sus lugares el chofer arrancó el vehículo. El chofer les indicó que se dirigían a la casa de Ampelis, al menos una de las muchas que tenía en el Estado, esta en particular estaba en el famoso Paseo de Montejo.

 – ¿Estás segura de lo que estamos haciendo Ibis?, ¿ir hasta la casa de Ampelis?, a mí no me engañas, no alcancé a escuchar pero me quedó claro de que te agredió y amenazó, ¿por qué ir a su casa? es probable que sea una trampa – Luna se notaba visiblemente nerviosa. – Por eso mismo Luna, no podemos dejar que el miedo nos invada, eso es lo que busca Ampelis, escucha, ella sabe algo y yo quiero respuestas. Ella cree que nos tiene arrinconadas, que tenemos miedo a una confrontación, pues vamos a demostrarle que podemos con ella. – Ibis se mostraba confiada, agarró una bebida y le dio un sorbo, Luna la imitó mientras veían pasar por la ventana del vehículo la Ciudad. Ibis observaba el ir y venir de las personas y el ambiente nocturno típico de un fin de semana de la que se consideraba la Avenida más bella de todo Yucatán, sería difícil decir el momento en que el letargo la invadió, pero pronto un sueño profundo se adueñó de ella.

 Su cabeza le daba vueltas, estaba desorientada, abrió los ojos y frente de ella vio a Eibbed quien tenía una sonrisa dibujada en su rostro – ¡Hola Ibis, por fin despiertas para la diversión! – Ibis trató de levantarse, pero estaba sentada en una silla de metal y aunque no estaba amarrada ni sujeta a ella de algún modo, no podía moverse, – ah ah, aunque trates de levantarte no podrás pequeña zorrita, ahora eres mi juguete – Eibbed la tomó bruscamente de la muñeca izquierda apretándosela con saña mientras se la giraba, – ¿¡Vez este símbolo en tu muñeca!?, ¡Ahora ve ese lienzo! – en medio de la habitación en donde estaban, a su costado derecho, había un gran lienzo de pintura el cual tenía puesto su nombre en la parte superior “Ibis Caballero”, – ¡Y ahora siente! -. Eibbed tomó un pincel, lo humedeció en una paleta de colores que tenía en un banquillo a lado del lienzo y empezó a realizar unos trazos en él, conforme el pincel tocaba la superficie del lienzo, Ibis emitía alaridos de dolor.

Continúa en el siguiente capítulo

Lee los demás capítulos aquí

Relato creado por Sharkgirl para Shark Canal

luna-perfil8478239608_7bc4c390c0_b