Terror

Huay chivo

 Eran los tiempos de la revolución, su padre, último familiar que le sobrevivía, había fallecido hacía algunos meses, por lo que Marcelo decidió alistarse en el ejército, quería obtener algo de dinero para comprar animales y mejorar el terreno de su familia. Después de juntar algo de dinero, algunos rifles para cazar y 2 caballos, por fin Marcelo decidió volver a su pueblo.

 Su pueblo natal se encontraba en Valladolid, pero desde la Guerra de Castas la comunidad vivía aislada de la cabecera municipal, el trayecto hasta el centro urbano más cercano era de cerca de dos días a caballo y el trayecto era difícil por el camino poco acondicionado al tráfico de carros, caballos o personas.

 Era más de un año lo que había pasado lejos de su hogar, un amigo se había tomado la molestia de evitar que la casa de los padres de Marcelo se deteriorara, a cambio le dió algo de dinero. No quería pasar la primera noche solo en aquella casa, así que le había preguntado a su amigo si podía quedarse a dormir en su hogar, este no puso ningún pero, al contrario, se alegró ya que así podrían platicar y ponerse al día.

 Antes de que anocheciera, su amigo prendió unas cuantas lámparas de aceite a fuera y dentro de su hogar, el pueblo carecía de luz eléctrica por lo que una vez caída la noche todo era penumbra, así que los habitantes prendían lámparas de aceite para iluminar las calles. La casa de su amigo se encontraba en lo que se podía considerar el centro del poblado, con sus vecinos relativamente cerca, a diferencia de la casa de los padres de Marcelo, que se encontraba algo alejada de otras casas.

 En la pequeña casa de guano Marcelo y su amigo fumaban y conversaban, la esposa de éste dormía junto a sus dos hijos. En un punto de la noche, el perro de su amigo comenzó a ladrar, el sonido de unas cadenas arrastrándose llenó el ambiente nocturno. Marcelo se asustó, pero su amigo lo calmó, se levantó y se acercó a él, “poco después de que te fueras un brujo llegó al pueblo, pronto se comenzaron a oír rumores acerca de que había hecho un pacto con el diablo para ser poderoso y vivir más, se decía que tenía un collar que le daba el poder de convertirse en un Huay chivo, y así era. Podía vérsele entrar a los terrenos a robar animales para comer o para sus sacrificios. Esos sonidos que escuchamos debe de ser él, sino me crees asómate a la ventana y lo verás”.

 No era que Marcelo no le creyera, sino que necesitaba verlo con sus propios ojos, se asomó a la ventana y aunque gran parte de lo que veía permanecía en la penumbra, las lámparas de la calle alumbraban lo suficiente para ver una misteriosa y horrenda silueta.

 Estaba cubierta de pies a cabeza con una túnica negra, cadenas colgaban de sus brazos y espalda, unos grandes y gruesos cuernos sobresalían de la cabeza de chivo de aquel ser que caminaba encorvado. Se dirigió al corral de los animales de su amigo. El Huay chivo agarró a un cerdo pelón y se dió la vuelta, pronto su espeluznante figura desapareció en medio de la noche.

 “Una vez que agarra a un animal se marcha, es mejor no enfrentarlo ni evitar que se lleve a su presa; una vez un tipo intentó matarlo, como nadie tiene armas de fuego en el pueblo lo hizo armado con un machete, pero al estar frente a aquel ser enviado por el diablo se petrificó, el Huay chivo no sólo lo mató a él y a su esposa a machetazos, sino que se llevó a su hija como presa”.

 Marcelo no era incrédulo, sabía que el Huay chivo era un peligroso y poderoso brujo experto en magia negra, para convertirse en aquel ser espectral debió de haber hecho un pacto con fuerzas malignas. Sin embargo sabía que también esa cosa seguía siendo en parte humano o debía de tener alguna debilidad, él contaba con armas de fuego a su favor, por ello decidió enfrentarse a aquella bestia infernal para liberar a su amado pueblo del miedo en el que vivía diariamente.

 Diario, antes del atardecer y armado con un rifle, Marcelo llegaba al centro del pueblo, había improvisado un pequeño escondite detrás de la albarrada de un terreno baldío. Y desde esa posición se sentaba a esperar la llegada de la bestia, los primeros días no tuvo éxito, y en una ocasión tuvo bastante miedo como para disparar. Finalmente una noche, Marcelo encontraría el suficiente valor para hacerle frente al Huay chivo, la Luna era su aliada al iluminar con su intensa luz la noche.

 Los perros ladraban de miedo, y el sonido de cadenas arrastrándose pusieron en alerta a Marcelo, desde su escondite pudo vislumbrar la silueta de la bestia acercándose. Apuntó y el sonido del primer disparo inundó la noche, le había dado en la cabeza, el Huay chivo dirigió su mirada hacia la dirección en la que vino la bala. No sé había muerto, y lentamente se acercaba al escondite, pero en su estadía en el ejército Marcelo había ganado mucha experiencia.

 Rápidamente preparó un segundo tiro, y esta vez le dió de lleno en el pecho a la bestia, la cual lanzó un grito humano de dolor y sorpresa. Aquel maligno ser retrocedió y comenzó a huir, pero su cazador no lo dejaría ir tan fácilmente, armado de valor al ver que su víctima huía alistó otro disparo y esta vez le apuntó a una pierna, de nuevo dió en el blanco. Marcelo agarró su lámpara de aceite y poco a poco siguió a la bestia que escapaba, la bala que lo mataría ya se encontraba lista, después de perseguirla por un buen tramo el rastro terminó en la entrada de una cueva, posible escondite del Huay chivo.

 Marcelo se sentó frente a la entrada, apuntó su arma hacia ella y prendió un cigarrillo, esperaría hasta al amanecer para entrar y acabar con el brujo.

 La luz del Sol entraba completamente en la cueva, el cuerpo de Marcelo estaba en alerta, pero no había necesidad de desperdiciar otra bala, el brujo yacía muerto en el suelo. Junto al cadáver se encontraba la túnica, cadenas y la cabeza disecada de un chivo que conformaban el disfraz de Huay chivo. Aquel brujo se había aprovechado del miedo y de la superstición de los pobladores para robarles, sabía que pocos se atreverían a enfrentarse a una bestia maldita de los relatos de sus ancestros.

 No había rastro alguno de la niña que se había robado, tal vez la había vendido, pero lo que más atrajo la atención de Marcelo fue un libro de medicina ancestral maya. El brujo al parecer había recurrido a él para tratar de curar su herida, pero la puntería de su cazador había sido mortal.

 Marcelo guardó el libro entre sus ropas, y procedió a llevarse a rastras el cadáver del brujo hasta el pueblo. Una vez en el poblado Marcelo le mostró a toda la gente el cuerpo sin vida del Huay chivo que durante meses les había aterrorizado.

 Gracias al libro, el cual estaba lleno de todo el conocimiento de las hierbas y procedimientos de la medicina maya ancestral, Marcelo se había convertido en un conocido y respetado curandero, después de todo era famoso por ser quien mató a un Huay chivo y además de sus conocimientos de magia, también obtuvo el collar para convertirse en uno cuando quisiera.

“Caminante, cuídate al andar después de la media noche por los lugares donde el Huay chivo ronda, pues este ser de oscuridad puede dejar caer en ti toda su maldad”.

Nuestro único objetivo es ofrecer contenido para enriquecer y renovar las propias leyendas urbanas de Yucatán.

dementor

Colaboración: La chica tiburón, en conjunto con Antgirl

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