Relatos

Capítulo 8. Huracán categoría 3

 – ¡No por favor, detente, mi mano! – Ibis lanzaba fuertes gritos de dolor, sentía como su mano era cercenada, sin embargo no había sangre ni cortes. Conforme en el lienzo Eibbed iba plasmando el dibujo de una mano, la de Ibis se volvía transparente, como si la misma carne y piel sirvieran de material para pintar, todo este proceso era sumamente doloroso. Después de un rato, en el lienzo se podía observar una mano izquierda con el símbolo del uroboros.

 El dolor desapareció, pero Ibis no podía creer lo que veía, ¡no tenía la mano izquierda!, desde su muñeca hasta la punta de sus dedos toda su mano había desaparecido, sólo quedó un corte perfecto y del cual no brotaba sangre, no podía perdonarse el haber sido tan estúpida para caer en esa trampa por tomar una bebida con somníferos, toda la confianza que tenía hace poco se esfumó – Yo también tengo una alquimia, así se llaman estas habilidades que poseemos, déjame mostrarte – dijo Eibbed, había dejado la paleta y el pincel en el banquillo y levantaba la mano izquierda, ahí en su muñeca se podía ver tatuadas unas letras, “Aedea” -. Aedea es la musa de la ejecución artística, se dice que la obra artística vive mientras se va creando, pero una vez que es plasmada esta muere debido a que ya no se puede seguir modificando, ¿has leído el Retrato Oval de Edgar Allan Poe?, déjame explicarte mi alquimia, quiero ver tu rostro cuando te enteres del infierno que estás por vivir. Las alquimias nos permiten modificar la realidad del mundo, la mía consiste en que a medida que voy pintando a una persona en un lienzo en blanco esa persona va muriendo, como si conforme la pintura va tomando forma la vida de la persona fuera extraída de su cuerpo, hasta que finalmente no hay rastro de aquella persona, solo una hermosa pintura. Lo único que necesito para activar mi alquimia es escribir el nombre de la persona seleccionada en el lienzo, así de esta forma no importa cuánto dolor sienta no podrá moverse. Y como te habrás dado cuenta, no es un proceso placentero. No pinto a cualquier persona, solo a seres hermosos ya que me gusta preservar su belleza asesinandolas -.

 – ¡¿Por qué hacen esto?!, ¡¿Qué es lo que quieren de nosotras?! – Ibis nunca había sentido un dolor tan intenso como el experimentado al perder su mano, y no deseaba sentirlo conforme todo su cuerpo fuera desapareciendo. Escuchó una puerta abrirse, – veo que ya has comenzado a divertirte Eibbed – el rango de movimiento de Ibis se había limitado meramente a su boca y a sus ojos, se encontraba en una amplia habitación pero de ella solo podía observar lo que tenía enfrente, que solo era una pared pintada de negro y el lienzo, pero a pesar de no ver sabía que aquella voz le pertenecía a Ampelis, quien pronto entró en su campo de visión. – Hola pequeña pajarita – le dijo mientras se ponía delante de ella, y sin que Ibis lo esperase, le dio un puñetazo en su nariz. El dolor le entumió la cara, sintió que la sangre le comenzaba a brotar y a escurrírsele, – jajajaja, ahora sí, es toda tuya Eibbed, yo iré a divertirme con Luna – al escuchar esto la rabia invadió por completo la mente de Ibis, – ¡deja a Luna en paz maldita, te voy a asesinar! -, a todo esto Eibbed solo la miraba divertida.

 – Bueno, si has terminado ya con todo tu drama quisiera responder a tu pregunta, ¿por qué hacemos esto? pues veras, por si te lo preguntas también Ampelis tiene una alquimia, y lo hacemos solo por diversión. Resulta que mi alquimia se ajusta mucho a nuestros gustos, a mí por ejemplo, me gusta torturar a las personas, someterlas a traumas y dolores intensos para ver cómo se comportan me llena de mucho placer, pero me di cuenta que pintarlas es mucho más doloroso que inmovilizarlas y experimentar directamente con ellas – Eibbed se acercó a Ibis, en su mano derecha tenía un pañuelo blanco con el que limpió suavemente su nariz sangrante, terminado esto le dio una cachetada que sacudió su antes inmóvil cabeza, su oído derecho zumbaba y de nuevo el dolor invadió su rostro. Eibbed giró hacia la izquierda la silla de metal en donde estaba sentada Ibis, – te presento a algunas de mis víctimas, y muy pronto tú también estarás en esta pared – la inmensa pared del lado izquierdo de la habitación tenía cuando menos unos 15 retratos fijados en ella, – aquí pongo a mis víctimas, los cuadros de las víctimas de Ampelis son quemados por ella, al fin y al cabo lo que ella desea es comérselas vivas, no le interesa guardar recuerdos de ellas como a mí – comérselas vivas, Ibis no podía creer lo que había escuchado, en alguna habitación Ampelis se preparaba para comerse a Luna, mientras ella viva y consciente sería mudo testigo sin poder moverse.

 Eibbed volvió a girar la silla hacia el lienzo, – bien, si me permites Ibis, ahora quisiera pintar un bello retrato tuyo – y de nuevo el dolor comenzó mientras era acompañado por sus alaridos.

 Ampelis caminaba por un largo pasillo mientras los gritos de Ibis resonaban por toda la casa y los ecos los volvían más fuertes, hasta que finalmente entró a una habitación. El cuarto era más pequeño que en él donde se encontraban Eibbed e Ibis, en un cama se encontraba Luna, un cuadro ubicado en el suelo a un costado tenía un nombre escrito “Passerina Lantecaes” y unos labios dibujados en él. – Por la manera en que me miran tus ojos sé que estás sumamente molesta – los gritos de Ibis, aunque débiles, se filtraban dentro del cuarto. – Si te preguntas si aquellos gritos pertenecen a Ibis, déjame decirte que sí, es impresionante la cantidad de dolor que soportan las víctimas de la alquimia de Eibbed, puedo decirte que me he comido el cerebro y el corazón frente a algunas de ellas y aún son capaces de gritar, es como si sus almas estuvieran fijadas en el cuadro y no pueden morir hasta que son pintadas por completo. Es algo espeluznante si piensas en eso, yo deje viva a una víctima con todos sus órganos internos fuera de su cuerpo por 5 días, hasta que finalmente me aburrí y le pedí a Eibbed que terminara la pintura, y créeme que gritan peor cuando son pintadas que cuando son hervidas vivas, es espeluznante cuando te das cuenta que después de ser devorada viva aún te queda por delante más dolor antes de finalmente morir -.

 – No te preocupes, no deseo matarte ni mucho menos comerte, si le pedí a Eibbed que te pintara fue para inmovilizarte y para no tener que escucharte insultándome y gritándome. Eibbed pronto terminará con Ibis, y en cuanto a ti, si tengo que dejarte inmóvil para siempre lo haré, pero serás solamente mía -. Ampelis comenzó a acariciar el cabello de Luna, y sin perder tiempo, sus manos empezaron a tocar sus pechos, para seguir con sus piernas y caderas, mientras hacía esto Ampelis besaba y lamía el cuello de Luna y le mordisqueaba la oreja, su excitación llegó al punto de morderla, primero suavemente y pronto la mordía hasta sangrar. Súbitamente Ampelis se detuvo, abrió una puerta que conducía a otra habitación y regresó con una chica en una silla de ruedas, – querida Luna, me has abierto el apetito, por eso tuve que detenerme antes de arrancarte un pedazo de carne de una mordida, pero para eso tengo a esta otra pequeña -, dicho esto Ampelis le dió un fuerte mordisco a la chica en la mejilla, sus dientes se sujetaron fuertemente a la carne y tiraba de ella hasta que finalmente consiguió arrancarle un pedazo, a diferencia de Luna la chica sí podía gritar y sus alaridos llegaron hasta los oídos de Ibis.

 En la otra habitación Eibbed también había unido a 2 otras chicas más a la tortura, Ibis tenía la parte inferior del cuerpo ya desaparecida, en cuanto a las otras chicas, estas eran ahora el centro de atención de Eibbed. Una estaba colgada del cuello en el centro de la habitación con sus entrañas por fuera, Eibbed no había bromeado cuando le mencionó que sus víctimas no mueren hasta que son finalmente trasladadas al lienzo y pueden sobrevivir con mortales heridas en su cuerpo, la otra estaba siendo despellejada en ese momento. Ibis reunió toda la fuerza que tenía y comenzó a gritar, – ¡no te preocupes Luna, pronto me liberaré e iré por ti, y estas malditas pagarán por lo que nos han hecho! – Eibbed se acercó y volvió a golpearla en el rostro, pero en la otra habitación al escuchar estas palabras Luna empezó a llorar, Ampelis interrumpió sumamente irritada su banquete, – esa maldita aún tiene fuerzas para gritar, le diré a Eibbed que le pinte la lengua para que no pueda pronunciar más palabras – y dicho esto salió de la habitación.
Ampelis llegó a la sala de torturas de Eibbed justo cuando está golpeaba salvajemente a Ibis con una vara de cuero, como las que se usan para los caballos, – jajajaja eso es mi amor, quítale las ganas de hablar pero que pueda seguir gritando – ambas estaban de pie y sonrientes frente a su víctima, contemplando la obra de su maldad, pero contrario a lo que pudieran esperar Ibis también sonreía, no lo podían creer, – ¿qué te parece tan gracioso? – le preguntó Eibbed, a lo que Ibis les respondió, – esperaba que te nos unieras Ampelis, así será más fácil para mí eliminarlas a ambas al mismo tiempo -. Al término de estas palabras un fuerte ruido se escuchó a lo lejos, – ¡deprisa, mátala! – chilló Ampelis, era obvio que habían ignorado las alquimias que Ibis o Luna pudieran tener, Eibbed se dirigió hacia el lienzo para tratar de terminar rápidamente la pintura, pero justo cuando había tomado el pincel algo irrumpió en la habitación.

 La puerta explotó en pedazos, algo como de 2 metros y medio cruzó al otro lado del cuarto y atravesó la pared, por la conmoción, Ibis se había caído de la silla y Ampelis yacía en el suelo quién pronto se levantó y miró a su alrededor, no había rastro de Eibbed, solo quedó un cercenado brazo izquierdo en un charco de sangre y que en la mano llevaba un pincel, sin poder creérselo dirigió su mirada al hueco en la pared, y de él surgió un enorme Boros.

 El suelo temblaba bajo el peso de Boros, Ibis lo había llamado rezando por que el bolso donde lo había dejado estuviera cerca pero no creyó que podría crecer a semejante tamaño, emitió un rugido y se lanzó hacía Ampelis, ella se defendió generando de sus manos unas ondas de aire, las cuales golpearon a Boros y lo hicieron retroceder. El lienzo había sido tirado y se encontraba ahora bajo las garras de Boros, y al embestir a Ampelis con mayor fuerza, lo rasgó desprendiendo el nombre. De nueva cuenta Ampelis se defendió con su barrera de aire, pero las embestidas de Boros no paraban, una y otra vez avanzaba hacia ella lanzando feroces mordidas y haciéndola retroceder.

 Boros y Ampelis habían salido de la habitación, Ibis había recuperado su mano, y aunque aún no era dueña por completo de los movimientos de su cuerpo, recogió los pedazos del lienzo y se dirigió a buscar a Luna. Debilitada por los golpes finalmente dió con la habitación en la que se encontraba Luna – enseguida regreso por ti, déjame primero destruir esto – le dijo a Luna quién lloraba al verla con vida.

 Del segundo piso en donde estaban las habitaciones de torturas, Boros y Ampelis habían descendido a la primera planta y aunque en el enorme ser no había muestras de cansancio, si las habían en su oponente, Boros se preparó para una última embestida, Ampelis estaba creando un pequeño huracán entre sus brazos abiertos y al primer movimiento de Boros se lo lanzó, pero la bestia había aprendido, clavó las enormes garras de sus patas en el suelo y abrió sus fauces de tiburón para ir tragándose el aire, de esta manera fue avanzando hacía ella y cuando finalmente estuvo a su alcance abrió su boca por completo y la devoró entera.

 Mientras esta pequeña batalla sucedía, Ibis había encontrado una chimenea en otra habitación, quemó los lienzos en ella y regresó corriendo con Luna. Al llegar fue recibida con besos y abrazos, – ¡Ibis, no sabes cuanto me alegra verte con vida! – le dijo una asustada Luna, – igual a mí Luna, pero ahora tenemos que huir, no sé qué tan fuerte sea la alquimia de Ampelis o cuanto más pueda luchar Boros -. Antes de huir decidieron buscar a las otras chicas, pero Eibbed y Ampelis ya las habían asesinado, al escuchar los ruidos de la pelea en la planta baja decidieron encontrar otra vía de escape, descender por las ventanas era bastante complicado, pero dieron con una escalera que daba a una cocina en la planta baja y que tenía una salida hacia el jardín, con las pocas energías que tenían corrieron hacia la puerta de entrada, no había nadie más en la casa y la puerta principal no tenía llave o candado, estaban en Paseo de Montejo y antes de salir hacia la Avenida dieron un último vistazo a la casa, y así vieron a un pequeño Boros venir hacia ellas dando de brincos.

 Eran las 3:43am de un domingo cuando escaparon de aquella casa de torturas.

Continúa en el siguiente capítulo

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Relato creado por Sharkgirl para Shark Canal

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