Terror

No abras la puerta

Corría el año de 1950, Eugenia era madre soltera y enfermera en el Hospital Juárez de la Ciudad de Mérida. Ella vivía con su hijo Rodrigo de 10 años en la Colonia Bojórquez,  quien era cuidado por una vecina debido a las largas jornadas de su trabajo.

Su casa se encontraba relativamente cerca del Hospital Psiquiátrico, Eugenia había escuchado muchas historias acerca de ese sitio, pero ella nunca había visto algo de todo eso que se decía. El lugar al parecer era relativamente tranquilo y además ella tenía otras preocupaciones más cercanas y realistas como para pensar en cuentos y chismes.

Una noche, los noticieros de la televisión y la radio anunciaban que un paciente se había escapado del Hospital, según la prensa el paciente no era agresivo y era más probable que se hiciera daño a él mismo que a las demás personas. Sin embargo mencionaron que la Policía exhortaba a las personas que vivían en los alrededores del Hospital, a no salir por la noche hasta que no se capturara al paciente.

Eugenia tenía que trabajar esa noche, y su vecina había ido a visitar unos parientes, no era la primera vez que Rodrigo se quedaba solo pero nunca antes se había escapado alguien del Psiquiátrico. Trató de que alguna amiga la cubriera o de pedir permiso, sin resultado alguno. No podía faltar, necesitaban el dinero, además solo serían por unas cuantas horas y todo saldría bien siempre y cuando su hijo mantuviera toda la casa cerrada.

Le dejó lista la cena a Rodrigo, y antes de salir le dió las siguientes indicaciones: “voy a llevar mi llave, si por alguna razón necesito que me abras la puerta, tocaré tres veces y te hablaré para que sepas que soy yo, de lo contrario por nada del mundo abras la puerta, trataré de regresar a casa lo más rápido que pueda”.

A Rodrigo le gustaba quedarse solo, como su mamá se sentía culpable siempre le compraba unas botanas y refresco. Después de cenar se acostó a ver la tele, otra de las ventajas de estar solo en la casa era que podía ver los programas nocturnos de moda sin problema, sin embargo lo que más llamó su atención fue una película de terror. Sabía que verla le causaría pesadillas, pero no podía evitar sentirse atraído, la adrenalina del momento inundó sus venas y el recuerdo del paciente suelto se vió eclipsado por el filme.

Sin que Rodrigo se diera cuenta el sueño se apoderó de él, entre sueños escuchó unos golpes a la puerta y eso fue lo que le despertó, se levantó asustado, había pasado aproximadamente unas 3 horas desde que su mamá se fue.

Pensó que los golpes habían sido su imaginación, pero de nueva cuenta se escuchó un toquido en la puerta, se acercó asustado ante ella y sin olvidar las advertencias de su Madre preguntó con la voz temblorosa, “¿Mami eres tú?”, pero no hubo más respuesta que otro golpe.

Rodrigo no sabía cómo reaccionar, se quedó inmóvil detrás de la puerta, solo salió de su letargo al escuchar una especie de arañazos, algo trataba de forzar la cerradura, asustado, no pudo evitar gritar con todas sus fuerzas, “¡váyase de mi casa, mi Madre ya ha llamado a la policía!”.

Sin embargo obtuvo como respuesta otro golpe en la puerta, aunque más débil que los primeros dos, y del otro lado le llegaron unos sonidos guturales. Pensó en llamar a la policía pero le avergonzaba quedar en ridículo si llegaban y no veían nada de lo que él decía. Mejor optó por acostarse cerca de la puerta y rezar porque amaneciera pronto y que su Madre llegará a casa, y así de nueva cuenta el sueño lo dominó.

No despertó hasta la 10 de la mañana, se sorprendió de que su Madre aún no hubiera llegado, revisó toda la casa y no había señales de ella. Al ir a abrir la puerta de la calle los recuerdos de la madrugada regresaron a su mente, pero esta vez era de día, y eso le daba el valor suficiente para abrir la puerta.

Los vecinos llamaron a la policía al escuchar el alarido de horror de Rodrigo, y cuando llegaron lo vieron en el umbral de la puerta en un estado catatónico frente a una escena de sangre y terror.

Su Madre había sido mutilada y asesinada, al parecer había conseguido terminar antes su turno y en plena madrugada regresó a su hogar. El asesino la sorprendió cuando trataba de abrir la puerta, le dio una cuchillada en la espalda, y luego le dio otras dos, una en cada rodilla y le cortó la lengua. Al parecer su victimario había sido el paciente psiquiátrico, el cual nunca fue capturado de nuevo, aún con sus heridas había tratado de abrir la puerta pero no tenía las fuerzas para insertar la llave y hacerla girar. Solo pudo golpear tres veces la puerta y tratar de decirle a su hijo que era ella y que le abriera, pero al tener la lengua cortada no pudo hablar de manera comprensible.

Rodrigo nunca se recuperó de aquel shock y terminó siendo un paciente más del Hospital Psiquiátrico.

Nuestro único objetivo es ofrecer contenido para enriquecer y renovar las propias leyendas urbanas de Yucatán.

dementor

Colaboración: La chica Tiburón, en conjunto con Antgirl

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