Relatos

Capítulo 9. El ojo del Huracán

Hurricane

El centro meteorológico de la Ciudad de Mérida empezó a registrar mediciones extrañas alrededor de las 4am del domingo, las fluctuaciones de la temperatura, nivel del mar y vientos eran propios de la condiciones de nacimiento de una Depresión Tropical, aunque se estaba formando demasiado rápido. A las 7am de ese mismo día una Depresión Tropical se había formado sobre la Península de Yucatán, sin embargo este fenómeno era único en su caso, abarcaba la totalidad de la región, es decir, los Estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo y a pesar de que había nacido en tierra no mostraba señales de debilidad, al contrario, tomaba recursos del Golfo de México y del Mar Caribe para ir desarrollándose. A las 9 de la mañana la Depresión había crecido hasta convertirse en un Huracán de categoría 1 y parecía que pronto se haría más fuerte, se decretó estado de emergencia en toda la Península y para las 10:30am, el Huracán Jill como fue nombrado, ya era categoría 2 tomando por sorpresa a todos los habitantes del Estado de Yucatán.

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El escape de Ibis y Luna había sido sin complicaciones, en vez de regresar a su casa habían preferido alquilar una habitación de hotel para sentirse seguras y dormir tranquilamente, al entrar al cuarto Luna besó en los labios a Ibis, – gracias por salvarme – y después durmieron unas pocas horas juntas. A las 09:10am bajaron a desayunar y a conversar de los acontecimientos de la noche de ayer. – Por lo que ví en el cuadro tu verdadero nombre es Passerina Lantecaes, ¿lo sabías? – muchas cosas rondaban en la cabeza de Ibis, pero decidió comenzar con la que a su parecer era la más tranquila, – no, cuando desperté en el kiosko de la casa no tenía ninguna identificación, la única cosa que tenía en la mente era una palabra, “Luna”, al pronunciarla en voz alta pude sentir una tranquilidad en mí, así que supuse que era mi nombre – no habían hablado de lo que aquellas dos psicópatas les habían hecho y posiblemente tardarían en decir algo al respecto, ambas estaban muy dolidas y enojadas cada una a su modo.

– ¿No te da curiosidad el que Ampelis conociera tu verdadero nombre? – le preguntó Ibis a Luna, – en realidad tengo curiosidad por todas las cosas de lo que pasó en las últimas horas, desde cómo sabían mi nombre o si de verdad ese es mi nombre, hasta por qué Ampelis y Eibbed tenían habilidades como las nuestras – el rostro de Luna transmitía tristeza, su cámara se había quedado en la casa de las torturas, incluso era probable que hubiera sido destruida, Ibis quería abrazarla y decirle que todo estaría bien, – ¿prefieres que te llame por tu nombre, Passerina? – le preguntó a Luna, – sino te molesta y para serte sincera, me gustaría que me siguieras llamando Luna – mientras conversaban una mesera iba pasando de mesa en mesa, pronto estuvo en la de ellas, – lamento interrumpirlas señoritas, pero las autoridades de protección civil nos han pedido que avisemos a todos nuestros huéspedes y personal acerca del huracán que se ha formado en la Península, les exhortamos a tomar las medidas necesarias y a seguir las instrucciones pertinentes – dicho esto continuó con la siguiente mesa.

El estado del tiempo había cambiado radicalmente, cuando habían bajado a desayunar el cielo se encontraba algo nublado, pero ahora estaba cubierto por unas grises y enormes nubes de tormenta, el ojo del huracán estaba sobre la Ciudad de Mérida e iba evolucionando rápidamente, por ello las chicas pasaron a comprar unos pocos víveres en una tienda de conveniencia y se retiraron a la casa de Passerina. Toda la Ciudad se encontraba en un toque de queda, se le pidió a la población permanecer en el lugar que se encontraran, las condiciones del huracán ya se sentían en Campeche y Quintana Roo y en la costa yucateca, las primeras víctimas mortales del huracán habían sido los pescadores a los que el ciclón tomó por sorpresa y que no pudieron regresar a puerto a tiempo.

Passerina e Ibis se dirigían a su casa, se encontraban en la puerta principal cuando de pronto una voz las llamó, – ¡Ibis!, ¡Passerina! – Ibis reconoció al instante aquella voz, ambas se dieron la vuelta, frente a ellas se encontraba Ampelis, Ibis pudo ver que sus ojos no lucían el color rojo apagado que tenían la mayoría de las veces en que habían interactuado, un rojo vivo e intenso brillaba en sus pupilas. Súbitamente Passerina se dirigió corriendo a ella, a pesar de que Ampelis le llevaba bastante altura y de la habilidad que parecía poseer, la furia la cegó por completo. Una fuerte patada a la rodilla derecha de Ampelis la hizo hincarse, una vez con las rodillas en el suelo Passerina la sujetó del cabello y le propinó un duro puñetazo en la mandíbula una y otra vez, era claro que si sus intenciones no eran matarla, cuando menos pretendía dejarla seriamente lesionada.

Passerina tenía una cangurera en su espalda, de ella sacó una navaja, – ¡Luna basta, detente! – grito Ibis, – ¡no, no la detengas, sigue, mátame! – fue la súplica de Ampelis, el que ella pronunciara estas palabras fue una sorpresa para ambas, en su voz no había rastro de la agresividad que anteriormente habían conocido de ella, es cierto que tampoco lo hubo cuando la conocieron por primera vez, pero una vez revelada su verdadera personalidad, ¿qué sentido tenía volver a parecer indefensa?. – Si realmente quieres morir ¿por qué no te matas tú misma? – fueron las palabras de Passerina, las cuales acompañó con un escupitajo en la cara de Ampelis, – no puedo, tengo miedo de que al intentarlo pierda de nueva cuenta el dominio en mí misma – al escuchar estas palabras Ibis se sorprendió aún más, las sospechas que tenía se iban confirmando poco a poco, – ¿dominio de ti misma?, ¿a qué te refieres y quién eres realmente? – preguntó Ibis.

– Prométanme que después de que les cuente lo que se, me matarán. No sé qué tanto pueda decir al respecto antes de que cambie de nuevo; yo no era una caníbal ni mucho menos me dedicaba a matar chicas, todo empezó hace aproximadamente tres meses cuando conocí a Liagiba, no sé cómo explicarlo, pero a partir de entonces mi personalidad cambió, no era dueña de mis acciones y comencé a matar chicas junto con Liagiba, por dentro sabía que estaba mal lo que hacía y luchaba por detenerme pero también lo disfrutaba y deseaba continuar haciéndolo; y también cambió mi alquimia – dicho esto Ampelis mostró su muñeca izquierda, en ella se podía leer tatuada la palabra “Tifón”, – ¿por qué poseemos alquimias? – preguntó Ibis intrigada, – alguien nos dio estas habilidades, ¿cómo lo sé, no lo recuerdo?. No fue Liagiba quién me cambió, fue quién me dio esta habilidad, alguien que esperaba que me encontrara con ustedes y las matara cuando eso sucediera -.

– Ahora por favor, les pido que me maten, mi alquimia anteriormente consistía en controlar las corrientes de aire con mis manos, pero cuando aquella cosa me tragó entera y me vomitó, modificó mi habilidad. Yo creé este huracán, puedo sentir como se va haciendo cada vez más fuerte pero no tengo control sobre él y la única manera de detenerlo es matandome; de lo contrario devastará todo Yucatán -. Ibis no sabía qué hacer, no quería matar a alguien que tal vez no era culpable por sus actos, alguien la había convertido en una trampa viviente para ellas y fue Boros quien le dio la habilidad de crear huracanes, – Ibis, ve por la pistola, yo me haré cargo, no podemos dejar que el huracán siga creciendo y la idea de matarla con el cuchillo ya no me parece tan atractiva – Ibis se dio la vuelta para dirigirse a buscar el arma, apenas había abierto la reja y todo a su alrededor pareció moverse, giró para mirar a Passerina y Ampelis, unas paredes de acrílico habían rodeado a Ampelis, – ¡Ibis, tienes que ir por el arma ya! -.

Frente a ellas estaba Liagiba, – ¡maldición Ibis, que vayas por el arma! – gritó Passerina, Ibis abrió la reja principal y entró corriendo, – vaya Liagiba, al parecer si podré vengarme de ti, es una lastima que ahora no tengas ningún lienzo cerca – Liagiba tenía de nueva cuenta su brazo izquierdo aunque a simple vista se notaba algo raro en él, Passerina se preguntaba si se debía al haber sido devorada por Boros, y también le preocupaba la nueva habilidad que poseyera, – no necesito un lienzo Passerina, ahora todo el mundo puede formar parte de mi pintura -.

El entorno de Passerina se notaba difuso, cambiante, ¿de qué se trataba la nueva habilidad de Liagiba, era igual de poderosa que la de Ampelis? al menos ella sí parecía tener control de su alquimia, y eso era bastante peligroso, Passerina no le daría tiempo a usar su poder por completo; de su cangurera sacó dos esferas de metal del tamaño de un durazno, su cuerpo comenzaba a sentirse extraño y antes de que su fuerza le abandonase, las arrojó. – ¡Oreea! – gritó Passerina, la primera impactó el ojo izquierdo de Liagiba, mientras que la segunda fue directo a la nariz, un crack se escuchó y Liagiba gritó enloquecida por el dolor. Passerina se dirigió hacia ella corriendo, esta vez no la haría caer con una patada como con Ampelis, su pie derecho se estampó con todas sus fuerzas en la rodilla izquierda (tenía la creencia de que esa suele ser la rodilla más débil de las personas) de Liagiba.

El crack que se escuchó esta vez fue muy fuerte, todo el cuerpo de Liagiba cayó sobre su rodilla derecha, Passerina sacó otra esfera de metal, la sujetó firmemente en su mano derecha y la dejó caer con toda su fuerza en la frente de Liagiba para posteriormente golpearla con la misma en la mandíbula. No vaciló ni un instante ni se detuvo a ver si su víctima seguía con vida, puso su brazo izquierdo alrededor de su cuello y el derecho sujetando su frente sangrante. Mientras la iba asfixiando algunos pensamientos pasaban por la mente de Passerina, creyó que los golpes que había dado serían suficientes para matar a una persona pero aún notaba que Liagiba seguía con vida, ¿su resistencia se debía a su alquimia o a su complexión física?. Sin embargo su víctima ejercía poca resistencia, deseaba romperle el cuello pero este no cedía a sus esfuerzos, la mano izquierda de Liagiba se posó en el brazo derecho de Passerina, la textura de aquella palma era como de óleo sobre lienzo; podía sentir como los dedos se alargaban hasta rodear su brazo y sin mayor esfuerzo estos se cerraron hasta romperle el hueso.

Passerina casi se desvaneció por el dolor, aquel brazo era peligroso, a pesar de que está vez se había preparado por precaución al equiparse con su navaja y las esferas, era claro que poco podía hacer ante aquella poderosa alquimia. Sin saber lo que hacía y confundida por el shock del dolor, sacó su navaja, pero de nueva cuenta empezó a sentir que todo a su alrededor se transformaba, incluso ella. Su navaja se comenzó a alargar y a derretirse, pronto su propio cuerpo que yacía en el suelo estaba igual, como en aquel cuadro de Dalí con los relojes derretidos.

– ¡Liagiba! – era la voz de Ibis, Passerina volteó la cabeza hacia la voz y la vió de pie en el umbral de la puerta principal, sostenía entre sus manos el arma. El sonido del disparo inundó el ambiente, a pesar de las nubes grises y cargadas en el cielo todo estaba en calma, sin duda se encontraban en el ojo de una tormenta. La figura de Liagiba estaba firme, con su brazo izquierdo frente a ella había detenido la bala en el aire. Con un movimiento de sus dedos la bala pareció convertirse en un personaje de caricatura, había crecido bastante y unos grandes ojos y dientes le surgieron. Sonriente, la bala se dio media vuelta y se dirigió hacia Ibis, conforme se le acercaba iba disminuyendo de tamaño hasta regresar a su forma original antes de atravesarle el hombro derecho.

La fuerza del impacto y el dolor casi tumban a Ibis, pero sabía que no tendría otra oportunidad para matar a Liagiba, – ¡Ibis, huye! – gritó Passerina, a pesar de que había lastimado de gravedad a su atacante está parecía estar como si nada y ahora había cambiado de objetivo, Ibis sentía que su cuerpo se transformaba, parecía ir engordando y Liagiba se dirigía a ella. Passerina regresó a la normalidad, tal parecía que Liagiba solo podía concentrarse en una a la vez y ahora era Ibis la que parecía ser una obra de Botero, su cuerpo rechoncho no le daba libertad de movimiento para escapar. Con la esfera todavía en su mano, Passerina concentró todas sus fuerzas, si fallaba tanto ella como Ibis morirían.

La esfera abandonó su mano, – ¡oreeeaa! – y se dirigió a toda velocidad hasta impactarse en la rodilla izquierda de Liagiba, de nuevo un grito desgarrador llenó la atmósfera, mientras Liagiba se daba la vuelta Passerina sacaba de su bulto la última esfera de metal. Antes de proferir su grito de batalla y lanzar la esfera, se tomó su tiempo para observar el rostro de Liagiba, su ojo derecho estaba morado y casi cerrado por completo, de su nariz rota brotaba un surco de sangre y al no poder respirar por ella tenía su boca abierta, revelando que había perdido algunos dientes, – ¡oreeaaaaa! – la última esfera se estrelló en su ojo izquierdo. Passerina aún tenía sus piernas y brazo derecho intactos, así que corrió hacia Liagiba, empuñaba su navaja mientras cargaba contra ella y la clavaba en la parte baja de su abdomen. Al no poder sacarla la dejó ahí, tenía que apartarse de Liagiba pero no le dejaría, la sujetó con su mano derecha y la jaló hacia ella, su brazo izquierdo se había convertido en un delgado y puntiagudo estoque que se clavó en el abdomen de Passerina. Pudo sentir cómo la punta atravesaba su cuerpo, cuando respiraba le dolía y sentía que se ahogaba, posible signo de un pulmón perforado. Ibis corrió hacia ella y la sujetó entre sus brazos, Liagiba se encontraba en el suelo, al menos había podido proteger Ibis a cambio de su propia vida; una enorme silueta se vislumbraba detrás de Ibis y pronto la oscuridad cubrió la visión de Passerina.

Ampelis vio toda la pelea con impotencia, ¿cuánto tiempo duró, 5 minutos, 10 minutos, una hora?. Las paredes de acrílico se habían esfumado, Liagiba yacía en el suelo, y la bestia que la había devorado hizo lo mismo con Passerina e Ibis, después de hacerlo alargó su cuerpo y procedió a comerse a sí misma empezando por sus patas, cuando llegó a la cabeza sus mandíbulas se abrieron hacia afuera hasta que no quedó más rastro que un agujero negro suspendido en el aire. Una fuerte lluvia había comenzado a caer, las ráfagas de viento eran rápidas e intensas, Ampelis sabía que el ojo del huracán se haría cada vez más reducido hasta colapsar en su centro pero antes de hacer eso aumentaría de fuerza a un grado descomunal destruyendolo todo. Aunque ella misma se matara nada detendría al huracán, entonces el agujero negro se hizo grande y de él salieron Ibis y Passerina, no tenían lesión alguna, parecían curadas y revitalizadas, ¿acaso sus alquimias también habrían cambiado?. Ampelis se acercó a ellas, puso sus manos en un hombro de cada una de ellas y las sacudió, – ¡rápido, tienen que matarme o el huracán destruirá todo! – las dos salieron de una especie de letargo. – ¡No, debe de haber otro método, tal vez con Boros pueda hacer algo, no es justo, tú mereces vivir y que encontremos aquello que nos ha hecho tanto daño! – respondió Ibis, – escúchame Ibis, debes de entender qué tal vez lo mejor es escapar con lo poco que tenemos antes de perderlo todo, esto no es nada comparado al peligro que te espera si decides ir tras eso. No sé si me harás caso o no, pero quiero darte esto – Ampelis posó su mano sobre su tatuaje, un brillo surgió de él junto con una larga y roja pluma, – si te encuentras en grave peligro esto te podrá salvar, ahora por favor, terminen con esto por mí -.

Ibis comenzó a llorar, era claro que ella sería incapaz de hacerlo, le tocaría a Passerina ejercer el papel de verdugo, – adiós Ampelis, es una pena que esto acabe así para ti -, puso el cañón del arma en la sien de la diseñadora, – siempre fuiste buena chica Luna, cuida a Ibis – el sonido del disparo fue ahogado por el ruido de la lluvia, el cadáver de Ampelis cayó al suelo, pronto los vientos comenzaron a aminorar su intensidad.

Tan pronto el centro meteorológico determinó que una Depresión Tropical nacería en la Península, el gobierno estatal comenzó un plan de protección, la primera medida fue detener las embarcaciones que saldrían a altamar a la vez que emitían alertas para que las que ya estaban mar adentro regresaran. La segunda fue cancelar vuelos y salidas de autobuses, los vientos y las condiciones estaban pronosticadas que aumentarían de intensidad, así que el siguiente paso fue notificar a las autoridades del gobierno local para que prepararan los albergues temporales, también se emitieron alertas por radio, televisión y redes sociales para invitar a las personas a acudir a ellos o en su caso preparar sus hogares. Sin embargo el huracán Jill cobraría 10,000 víctimas mortales y desaparecidos tan sólo en Yucatán, la gente no esperaba que la tormenta evolucionara tan rápido, algunos pescadores no consiguieron regresar a puerto a tiempo, otros morirían en los hogares que sucumbieron a los vientos y lluvias, y otros muchos en camino a sus hogares para estar con su familia. El huracán Jill comenzó a debilitarse alrededor de las 11:15am del domingo, las circunstancias de su nacimiento y muerte serían un misterio para la ciencia, apenas comenzaba a entrar en la categoría 3 por lo que el daño pudo haber sido peor.

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Relato creado por Sharkgirl para Shark Canal

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