Terror

Historia de dos estatuas del cementerio

La ciudad de Mérida está llena de miles de historias, antiguas, presentes y futuras, todas ellas en cada uno de sus habitantes, y el sitio donde algunos de ellos tienen su última morada no es la excepción. Si visitas los diversos cementerios de Mérida podrás encontrar tantísimas anécdotas, algunas tristes, otras felices y muchas más terroríficas.

El Cementerio General de la Ciudad de Mérida, uno de los más antiguos del Estado de Yucatán, es muestra de ello, algunas anécdotas que se cuentan son por ejemplo sobre algunas lápidas que rezan frases interesantes y misteriosas como: «te adoptó como un hijo, te dio crianza, educación y atención y tú le privaste la vida, maldito seas», y de las estatuas que adornan tumbas o mausoleos.

La niña y la gallina

Sobre la Avenida principal del Cementerio y cerca del casco de la antigua Hacienda, podrás observar una sección tristemente dedicada a las sepulturas infantiles, y de entre ese grupo la tumba que más llama la atención es aquella que tiene una estatua de piedra de una pequeña niña con el cabello corto y sujetando entre sus brazos una gallina.

En los alrededores del Barrio de la Ermita, cerca del año de 1930, vivía la pequeña Blanca y su familia, como muchas otras de esa época contaban con animales de patio para ayudarse en sus finanzas domésticas, es por ello que Blanquita aprendió a amar y cuidar a los animales desde que empezó a caminar.

De entre todos los animales que convivían en el patio de su hogar, ella tenía una compañera en particular, desde polluela la había cuidado con esmero y amor, incluso durmiendo con ella en su hamaca cuando ya estaba más grande.

Solían pasar todo el tiempo juntas, es por eso que la gallina había aprendido a estar en el hogar familiar al lado de su dueña, y aunque nunca tuvo algún nombre o apodo, era tanto el amor que aquel animal tenía por la niña, que la seguía a todos lados.

Un día a la pequeña Blanquita la mandaron por un encargo a la casa de uno de sus Tíos, que como era común en esos tiempos, vivía por el rumbo, en este caso cruzando la calle. La niña salió de su hogar, miró a ambos lados de la calle para ver si no venia algún vehículo, que, aunque eran escasos le habían enseñado a tener cuidado con ellos, y cruzó la calle. Ya del otro lado, escuchó a sus espaldas el cacareo de su amada gallina, al parecer en un pequeño descuido dejó abierta la puerta de su hogar y el animal como era habitual en ella, la siguió.

Se dio la vuelta para regresar por su mascota, la cogió entre sus brazos, y se dispuso a ir a casa de su Tío, sin embargo, esta vez no se aseguro que el camino estuviera despejado. No vio el vehículo que venía por la calle y que las terminó atropellando a ambas.

El accidente fue fatal para mascota y dueña, sus padres salieron de la casa solo para contemplar la funesta escena, ya no pudieron hacer nada por ellas. Triste fue el velorio de la pequeña Blanca, todos sus familiares, amigos y conocidos acudieron a darle el último adiós, sus padres, como símbolo de aquel amor que unió a ambas, decidieron enterrar los restos de la gallina mascota a lado de su dueña, por temor a que su alma no descansara en paz.

Un amigo escultor de la familia decidió inmortalizar a Blanca y su gallina, como eterno recuerdo de su amistad, y la estatua que después de 80 años aún podemos apreciar, fue el regalo para su tumba.

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El descanso del ser amado

De nueva cuenta, sobre la Avenida principal del Cementerio, se encuentra ubicado el Mausoleo de la Familia Medina Rodríguez (posiblemente una de las tumbas más antiguas del cementerio, cuyo lote de compra se encuentra fechado a 1870), a cuya espalda podemos observar una reproducción de la escultura funeraria titulada “La Dama Triste”, la escultura original fue realizada por el escultor Giovanni Villa en 1879 por encargo de Virginia Aprile en memoria de su esposo Raffaelo Pienovi.

La que se encuentra en Mérida, fue realizada por el escultor italiano Almo Strenta en el año de 1905, por encargo la Señora Rosa Benet de Medina, la cual era su amiga y le daba residencia durante su breve estancia en la Ciudad.

El matrimonio entre Álvaro Medina Rodríguez y Rosa Benet fue uno de los más celebrados y esperados de todo Yucatán, todos los que conocían a la pareja no podían dejar de afirmar que se veían muy felices juntos y que el futuro era prometedor para ambos, eran jóvenes y venían de familias ilustres y adineradas.

Álvaro era capitán del ejercito mexicano, había demostrado su valor y estrategias en la Guerra de Castas, y al termino oficial de esta en 1901, se casó con Rosa. Pero el destino mortal ya había puesto sus garras sobre aquel joven, ya que en algunos poblados todavía quedaban células de mayas rebeldes y el Gobierno de Yucatán estaba dispuesto a exterminarlos sin importar las consecuencias. Él creía que el intercambio de armas ya había cobrado las suficientes victimas entre ambos bandos, pero no dudo en cumplir su deber como capitán cuando apenas meses después de casarse, le ordenaron dirigir una expedición a las zonas más remotas del sur de la selva yucateca, donde los aún rebeldes se agrupaban.

Así pasaron varios meses para la joven esposa, hasta que una lluviosa noche alguien tocó a la puerta de la mansión de los Medina Rodríguez, el mayordomo enseguida dio la noticia de que el joven amo había regresado al hogar, Rosa bajó las escalares de su habitación con alegría, la cual se esfumó al ver a su amado con el uniforme y el rostro, ambos siempre bellos, manchados con tierra y sudor, de inmediato dio la orden a sus criados para que le preparan el baño y la comida, pero su marido rechazó aquel ofrecimiento, pidiendo en cambio, solo ir a su habitación a dormir.

Rosa acompañó a su esposo de la mano, hasta el lecho matrimonial que apenas pocas veces habían compartido, parecía más ligero y débil, una vez acostado en la cama, la fiel esposa decidió pasar la noche en vela para cuidar a su marido. Le acariciaba el cabello mientras lo oía respirar, a pesar de todo ella era muy feliz de ser su esposa, pasado un buen tiempo, se recostó en un sillón dispuesta a continuar la velada leyendo un libro a la luz de una lampara. Pero la sorpresa y la alegría no le habían dejado darse cuenta de lo cansada que estaba, por ello, en un instante se quedó dormida.

Al día siguiente, a los primeros rayos del sol, Rosa se despertó asustada pensando que todo había sido un sueño, pero en la cama de aquella habitación, aún estaba su esposo. Sin embargo, enseguida notó en el cuarto un ambiente frío a pesar de que las ventanas estaban cerradas, pensó que seria un rezago del viento de la noche lluviosa anterior. Se acercó a su esposo dispuesta a despertarlo con un dulce beso.

Levantó brevemente el velo de la sabana que lo cubría por completo y lo besó en la frente, el frio contacto con la piel le hizo maldecir no haber llamado al doctor tan pronto su marido entró al hogar, corrió para pedir ayuda a sus criadas, y en un instante el medico familiar llegó al domicilió de los Medina Rodríguez.

Pero ya nada se podía hacer por Álvaro, poco después sus familiares se enterarían que su pelotón fue emboscado en la selva, sus hombres fueron asesinados mientras él era torturado para obtener información importante, pero leal a su convicción como soldado, no dijo ni una palabra, días después el bando contrario decidió soltarlo viendo lo inútil que era continuar con la tortura.

Aún hoy en día no se sabe cómo fue posible que Álvaro recorriera grandes distancias hasta llegar a su hogar, tal vez se debía a su voluntad de hierro que aleccionaba a sus pies y espíritu para volver al lado de su amada esposa por una última vez.

Strenta pensó que un bello regalo para Rosa sería recrear aquella escultura funeraria, de la cual, tanto la original como la reproducción yucateca, cuenta con un fino y hermoso detalle en la expresión del rostro de las viudas al descubrir que sus amados habían pasado a otro plano espiritual.

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Nota: el siguiente relato es un ejercicio creativo y poco o nada tiene que ver con la realidad detrás de estas dos estatuas, de la primera, de la pequeña y la gallina, se cuenta que posiblemente sea un recuerdo de una niña que falleció o de tristeza o de suicidio debido a que su amada mascota fue utilizada para el alimento familiar, o simplemente un símbolo de que amaba a ese tipo de animal en particular. Con respecto a La Dama Triste del mausoleo de los Medina Rodríguez, fuera de que es una reproducción, no se sabe si se debe a un propósito en particular o simplemente por que se cautivaron con la belleza de la original.

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Colaboración: La chica tiburón para Shark Canal

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