Relatos

Capítulo 10. Albedo

Albedo

Han pasado 2 semanas desde que el huracán Jill azotó la península de Yucatán, al recibir pocos daños la Ciudad de Mérida se volvió un centro de operaciones para las actividades de limpieza y rehabilitación de los poblados aledaños y del resto de municipios del estado. Las vías de comunicación se habilitaron rápidamente, además de que el gobierno estatal pidió el apoyo del ejército y policía federal para evitar los saqueos.

Nosotros visitaremos a un paciente en uno de los hospitales privados de mayor renombre en todo Yucatán, no fue una de las víctimas del huracán aunque ha sufrido serias lesiones, perdió el brazo izquierdo y el ojo derecho, además de algunos dientes y tiene severamente facturada la rodilla derecha. Durante la primera semana después del huracán se habló mucho de ella, no solo por qué se trataba de una famosa modelo, sino por qué sus heridas eran propias de una pelea violenta, además de que su pareja sentimental fue hallada cerca con un tiro en la cabeza. Todo parecía indicar un homicidio pasional, y los medios aprovecharon al máximo está noticia, hasta que una nueva salió, los cadáveres de 50 chicas fueron encontrados entre los restos de un edificio que colapsó debido a los fuertes vientos del huracán, los más antiguos llevaban aproximadamente muertos un año. Pronto la paciente fue olvidada por los medios de noticias y solo un policía era su única compañía mientras las investigaciones seguían en curso.

Con nuestra vista de águila y posicionados sobre el hospital podemos ver una figura, que, aunque no sabemos de quién se trata, si reconocemos. Su forma distorsionada nos hace pensar en las circunstancias tan diferentes de nuestro primer encuentro. A pesar de lo llamativo que podría resultar, la gente a su alrededor no parece notar su extraña apariencia, y si tuviéramos acceso a las cámaras de seguridad del hospital y de los alrededores, solo notaríamos una silueta borrosa con ningún rasgo característico distinguible; por ello no nos debe de extrañar que el policía que custodia a la paciente no repare en su presencia cuando pasa a su lado para entrar a la habitación.

Entramos junto con esta persona, – me preguntaba cuando vendrías a verme, llevo 2 semanas esperándote – contesta la paciente, – vaya, sí que te dejó en un pésimo estado, y, por cierto ¿quién eres ahora, Eibbed o Ligaiba?, las fusioné a ambas para que no me volvieran a decepcionar y veo que fue en vano – responde la misteriosa persona mientras se acerca a la cama, se frota la barbilla con el dorso de su mano derecha. – Me reconforta pensar que ella te dejará peor, y te lo mereces, después de todo no eres más que basura – Ligaiba no estuvo al borde de la muerte, pero si quedó gravemente herida, – me duele que me hables de esta manera pajarita, después de todo no fui yo quién te hizo esto, solo quiero vengarte. Así que se buena chica y dime cómo es ella, cuál es su nombre y dónde la puedo encontrar -.

– Aunque me obligaras a decírtelo no lo haría, prefiero morir sabiendo que no estarás tranquilo, temiendo el momento en el que ella venga por ti – era claro que Ligaiba no toleraba la presencia de aquel individuo, – ¿por qué piensas que le tengo miedo? No te confundas, solo quiero enmendar el error que cometí – ¿acaso su visitante estaba perdiendo la paciencia?, – tienes miedo por qué no sabes de lo que es capaz de hacer con su alquimia. Mira cómo me dejaron sin siquiera usar su habilidad por completo y eso que yo pensaba que la mía era superior a cualquier otra – el brazo izquierdo de Ligaiba parecía volver a crecer pero conformado de pintura, el entorno se distorsionaba, – ni siquiera Ampelis quería estar a tu lado, prefirió matarse, y aunque nos hallas fusionado para ser una persona distinta, tampoco te amaremos esta vez – el extraño visitante se sentó al borde de la cama – me entristece saber que no eres más que una chiquilla terca, dejaste morir a Ampelis a pesar de que estaba bajo tu custodia, y ahora planeas usar tu alquimia contra mí, ¿conoces acerca del caso del Señor Valdemar? – dicho esto posó su mano sobre la cabeza de Ligaiba.

Ligaiba abrió sus ojos y boca, emitió un gritó ahogado, su expresión era de un enorme terror, pero se quedó quieta. Tan pronto el misterioso visitante se fue, las máquinas a las que estaba conectada empezaron a emitir fuertes ruidos y a mostrar que los signos vitales de Ligaiba estaban en niveles críticos. En cuanto al aspecto físico de Ligaiba este empezó a cambiar, seguía con el mismo rictus de horror, su piel parecía secarse y pegarse a sus huesos, adquirió un tono amarillento y agrietado, sus ojos también tenían el mismo color y se hundían en sus cuencas. El abdomen se fue inflando poco a poco, al llegar a un gran tamaño comenzaron las flatulencias, los intestinos y la uretra arrojaron sus desechos, el olor era nauseabundo. El cabello lucía reseco, las uñas se le empezaron a caer, sus globos oculares habían desaparecido dejando dos cavidades vacías, al tener la boca abierta se podía observar cómo los dientes se iban pudriendo y cayendo, el cabello y la piel se le comenzó a desprender. Pronto Ligaiba no era más que puros huesos que también se iban desintegrando, un reloj en la habitación mostraba que tan solo habían transcurrido 5 minutos desde el momento en que el visitante abandonó el cuarto y hasta que las máquinas quedaron en silencio. Cuando más adelante el policía entró a la habitación por el fuerte olor a podrido, fue testigo de que no quedó ningún rastro de Ligaiba, solo un charco de un nauseabundo líquido color negro.

Dejamos la habitación y el hospital atrás, y desde las alturas vemos de nuevo al misterioso sujeto, bajamos para estar más cerca y seguir sus pasos. – ¿Dónde estás pajarita?, ¿vendrás a mí primero o yo te encontraré antes? – son las palabras que pronuncia mientras camina, de repente se detiene, algo capta su atención, su silueta borrosa por fin deja ver otro rasgo físico, unos ojos felinos que miran fijamente a su objetivo, y de nueva cuenta se frota la barbilla con el dorso de su mano derecha. Nos hemos detenido frente a una secundaria, es la hora de salida y los estudiantes se dirigen a sus hogares – parece que tendré que conformarme con un dulce y pequeño aperitivo antes, además de las que ya tengo atrapadas en mi casa – de nuevo nos deja notar algo más, de sus dedos crecen unas largas uñas como garras, y se dirige a la entrada de la escuela.

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Relato creado por Sharkgirl para Shark Canal

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