Terror

Cena con un muerto

Entre algunas leyendas de terror que se cuentan en Yucatán, está la de un hombre que tuvo una cena que nunca olvidaría.

En un poblado del interior del Estado de Yucatán había uno de esos lugareños que toda su vida se resumía en estar sumergido en la bebida, el poco dinero que ganaba se lo gastaba en la cantina del pueblo, incluso consumía más de lo que ingresaba en sus bolsillos, por lo que su pobre familia se encontraba endeudada con vecinos y familiares.

En unos de sus andares nocturnos, obnubilada su mente por el alcohol, llegó hasta el Cementerio del pueblo, el cual se encontraba abierto por la celebración del Hanal Pixán, para que las familias pudieran visitar las tumbas de sus seres queridos y cenar en ellas o limpiarlas según las costumbres.

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Al caminar entre las tumbas sus pies dieron con una calavera, posiblemente dejada ahí por las exhumaciones que realizaban las personas de las tumbas de sus familiares al limpiar los restos mortuorios, y la cual salió girando hacia un lado, lo que le pareció bastante gracioso. Levantando aquel resto óseo del suelo con sus propias manos, profirió las siguientes palabras: “en vida habrás dado tus muy buenas mordidas, calaca fea, pues quiero que en tu muerte sea también así, te invito a cenar en mi casa mañana en la noche, verás que buena comida hace mi mujer”, y sin más arrojó aquella calavera lejos del camino.

Esa misma noche llegó a su hogar y durmió en la calle como cada noche en la que debido a sus excesos con el alcohol, su mujer prefería dejarlo fuera para evitar mayores problemas, y al día siguiente no recordaba nada del suceso. Pero de nueva cuenta la noche llegó y la fortuna o desdicha, quiso que aquel hombre se encontrara en su hogar como pocas veces lo había hecho, su pobre mujer, que, aunque carecía de recursos para elaborar exquisitos platillos, su don natural para la cocina lograba realizar maravillas culinarias.

Se encontraban en la mesa apunto de empezar a comer su mujer, sus dos hijos de 8 y 10 años y él, cuando alguien tocó a la puerta, no esperaban visitas aquella noche, así que la mujer acudió desconcertada a abrir. Su mujer regresó y miró sumamente molesta a su esposo, “no me dijiste que habías invitado a alguien más a cenar, ahora tendremos que darle lo poco que había pensado guardar para que los niños comieran mañana”. El marido no entendía nada, pero súbitamente los recuerdos olvidados por culpa del alcohol regresaron cuando vio la figura de una delgada pero bella mujer que vestía un elegante hipil negro y muy colorido. “He aceptado la invitación que me hiciste ayer tan gentilmente, ¿puedo tomar asiento?”.

La esposa le sirvió otro plato, y así procedió la cena en silencio, la mujer pensó en preguntarle a la anónima invitada de donde conocía a su esposo, pero un frió helado recorrió su nuca, y prefirió guardarse la pregunta, sobre todo cuando observó a su asustado esposo. Y así terminó la velada, cuando la invitada procedía a retirarse del hogar, hizo la siguiente invitación, “gracias por la comida, lamento no poder invitarlos a todos a mi humilde morada, pero tu estas cordialmente invitado a cenar conmigo mañana en la noche, ya sabes donde vivo”, la voz era dulce, pero con un pequeño eco, lo que heló la sangre del esposo.

El resto de la noche y parte del día siguiente se dedicó a contarle a su familia todo lo que había pasado, fue así que acudieron con el Brujo del pueblo, un antiguo hechicero heredero de muchas generaciones de conocimiento maya sobre medicina y el mundo físico y espiritual. El cual regañó al hombre por ser tan grosero con los muertos y con su familia. Aquel brujo le dijo que no podía huir de la invitación, si lo hacía no viviría para ver el amanecer, que lo que debía de hacer era acudir al panteón en la noche, pero con un bebé de pocos meses de nacido en los brazos, si el infante lloraba sin razón aparente antes de encontrar la tumba de la anfitriona, se salvaría, de lo contrario lo más probable era que no volvería a salir con vida del Cementerio.

Esa noche, el hombre, su familia, el brujo y los chismosos del pueblo acudieron a las puertas del Panteón, ahí le fue entregado un bebé de 3 meses de nacido y una linterna, y así se aventuró a entrar al fúnebre lugar. Recorrió varios pasos y el bebé parecía cómodo, no emitía ruido alguno, pronto el hombre se empezó a desesperar e intento hacerlo llorar sacudiéndolo un poco, pero nada parecía perturbar al infante.

Una extraña fuerza parecía dirigir sus pasos, y pronto las luces de unas velas comenzaron a iluminar su camino, hasta dar con unas escaleras frente a la lapida de una tumba, las cuales se adentraban en una pequeña cueva que también parecía estar iluminada con la tenue luz de las velas, y al pie de aquellas escaleras escuchó una voz de ultratumba, “adelante, pasa y ponte cómodo”, sin poderse contener más el hombre corrió tratando de escapar del Cementerio.

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En las puertas del lugar la muchedumbre no había podido seguir con la vista los pasos del hombre, ya que una misteriosa neblina se congregó delante de ellos, tan espesa que no permitía observar nada, pronto escucharon los llantos del bebé y la neblina se dispersó. Encontraron a la criatura en el piso a pocos metros de la entrada, pero no había rastro del hombre, no sería sino hasta al amanecer que la mujer y otros hombres se aventuraron a entrar al Cementerio y encontraron al invitado muerto sobre una tumba con una expresión de horror en el rostro, el cual ya estaba empezando a ser victima de la voracidad de los gusanos.

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Colaboración: La chica tiburón para Shark Canal

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