Relatos

Capítulo 11. Jinetes en la tormenta

Riders on the Storm

El tiempo era gris, las últimas nubes de tormenta que había dejado el Huracán Jill habían desaparecido hacía semanas, en su oficina el detective Humberto revisaba la nueva información de los casos que lo tenían tan preocupado, en pocos minutos tendría la reunión con su Equipo y necesitaba aterrizar sus ideas.

El detective Humberto Herrera era jefe de la unidad de homicidios, se podría decir que tenía un trabajo tranquilo debido a las bajas tasas de homicidios del Estado comparadas con otras Entidades, eso no quería decir que no tuvieran nada que hacer, simplemente era más fácil cumplir con los objetivos cuando la carga de trabajo era menor. Muchos de los homicidios que investigaban se resolvían fácilmente ya que atacante y víctima solían conocerse, no habían muchos expedientes sin resolver, pero estos se debían a que los testigos tenían miedo de hablar o que no existía ninguna pista para dar con el culpable. Los testigos eran de suma importancia al momento de buscar a los culpables, y es que no era como en las series o películas, no se contaba con el tipo de equipos tecnológicos para rastrear la mínima muestra o, aunque tuvieran las evidencias necesarias, a veces no arrojaban ningún resultado en la base de datos.

Por eso, estos los casos que ahora investigaba lo tenían fuera de su zona de confort, no solo nunca le había tocado algo igual, sino que eran de una naturaleza extremadamente rara. En primera instancia la famosa diseñadora Ampelis había sido hallada asesinada con un disparo en la cabeza, en la misma ubicación se encontraba su pareja sentimental, Liagiba, sin un brazo y con heridas de gravedad. Fue llevada al Hospital y puesta bajo custodia ya que era la principal testigo/sospechosa, sin embargo, al parecer había sido asesinada o murió de causas naturales pero muy extrañas, de ella no quedó más que una masa pútrida y nauseabunda, sin poder ser reconocible a nivel genético. La evidencia de las cámaras de seguridad no era concluyente, ya que habían sufrido un fallo que impedía visualizar al sospechoso.

Pero la popularidad de la noticia del asesinato de la famosa diseñadora duraría muy poco. A la semana otra noticia encabezaba los titulares del Estado, y a los medios ni siquiera les interesó la muerte de la pareja sentimental y presunta autora del crimen.

Entre los muchos edificios que derrumbó el Huracán Jill se encontraba una bodega industrial abandonada, de sus escombros empezó a emanar un olor fétido. Al llegar las autoridades, se encontraron con una fosa clandestina, la cual albergaba alrededor de 50 cadáveres. Todos eran del sexo femenino e iban de los 13 a los 45 años de edad aproximadamente, los más antiguos llevaban un año de muertos y el cadáver más reciente tenía cerca de 3 semanas de fallecido.

Los cadáveres presentaban signos de violencia y mutilación, a algunos les faltaban partes de sus cuerpos como manos, dedos, ojos, orejas y cabello. Pero lo que tenía en jaque a las autoridades era que ninguna de las 50 víctimas había sido reportada como extraviada.

Se contactó a los familiares de algunas de las víctimas gracias a que entre sus pertenencias tenían datos personales, pero era como si nunca hubieran notado su ausencia, no fue sino hasta que las autoridades llegaron con información de sus familiares que parecieron darse cuenta que llevaban bastante tiempo desaparecidos. No los buscaban ni los extrañaban, de todos, solo 15 cadáveres tuvieron una digna sepultura, sus familiares los enterraron y pronto se volvieron a olvidar de ellas, no había pistas que seguir para dar con él culpable.

Un mes después del Huracán, otro difícil caso lo tenía contra la pared, y de eso iba la reunión que había convocado, los 25 detectives y oficiales a su cargo ya se encontraban reunidos.

Entró a la sala de juntas, la información relevante ya se encontraba en la pantalla del proyector, y sin perder tiempo el detective comenzó a hablar.

La tasa de homicidios se había disparado en el Estado durante el último mes, sin contar las 50 víctimas, el Equipo de inteligencia había detectado patrones en algunos homicidios y al parecer se trataba de 4 asesinos seriales.

El primero se trataba de un pirómano, aunque en una Ciudad como Mérida los incendios solían ser comunes, eran muy pocas las víctimas mortales en ellos, sin embargo, en el transcurso de casi un mes se habían presentado 10 incendios provocados y con personas fallecidas en ellos. En segundo lugar, se habían encontrado alrededor de 20 personas del sexo masculino muertas a golpes, los exámenes mostraban que habían sido asesinadas por la misma persona, al parecer el atacante provocaba la pelea con las víctimas y para matarlas usaba sus propias manos, se contaba con muestras de sangre, aunque no había ningún resultado, al parecer las víctimas lograban defenderse incluso con armas punzocortantes, pero sin lograr reducir al atacante. En tercer lugar, los Hospitales habían reportado a un posible “Ángel de la muerte”, ya eran varios los pacientes terminales que habían sido asesinados mediante asfixia.

Pero el cuarto asesino era la razón que había motivado la reunión.

En ese mismo día, alrededor de las 10am, una persona encapuchada había realizado un tiroteo en una plaza comercial al norte de la Ciudad de Mérida, se contaban hasta al momento 15 víctimas fallecidas y al menos otras 20 heridas, algunas de gravedad. Del atacante, al igual que con los otros, no se tenía ninguna pista, era como si se hubiera esfumado.

Pero no todo eran malas noticias, el detective Humberto sacó un misterioso sobre, la reunión finalizaría con un plan de acción que llevarían a cabo gracias a la información que contenía aquel sobre, el cual se había convertido en un faro de esperanza y luz sobre la oscuridad de estos asesinatos.

Continúa en el siguiente capítulo

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Relato creado por Sharkgirl para Shark Canal

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