Terror

Entierro prematuro

Corría el año de 1902, Rebeca Torre era hija única del matrimonio formado por el Sr. Gerardo Torre y la Sra. María de Torre, acostumbrada a vivir entre el lujo y la comodidad de la clase alta al igual que muchas jovencitas de su edad, soñaba con una gran y elegante fiesta por su cumpleaños número 15.

En 6 meses sería la tan esperada fecha, sus padres habían empezado con los preparativos, vestido, lugar, comida y decoración se encontraban casi listos, querían dar de que hablar entre los círculos sociales de la Ciudad de Mérida.

Pero la mala fortuna o el destino se cernió sobre ellos, y es que a solo a tres meses de su cumpleaños 15, Rebeca enfermó gravemente sin que los doctores pudieran determinar de qué se trataba, y antes de que sus padres pudieran usar todos sus recursos para obtener algún diagnóstico alentador, murió.

Ante tal enfermedad desconocida y letal, los doctores recomendaron un funeral rápido y sin ceremonia, para evitar los contagios en caso de que se tratara de algún virus o bacteria, y es que en la opinión de ellos, la autopsia no revelaría nada diferente de los diagnósticos anteriores. Es así que Rebeca fue enterrada con su vestido de quinceañera en el Mausoleo familiar, al que se le habían realizado algunas modificaciones para tapar las aberturas y confinar el féretro.

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En el día de su cumpleaños número dieciséis sus padres habían decidido abrir el Mausoleo para realizar una pequeña ceremonia en conmemoración de la fecha y en compensación de la que no se pudo hacer el día de su funeral.

Pero grande fue su terror y sorpresa cuando encontraron el ataúd fuera de su cripta y abierto en medio del Mausoleo, a los pies de la puerta de entrada estaba el cadáver de su hija Rebeca.

Al parecer el diagnóstico fatalista de los doctores había sido incorrecto, aún con pulso, pero débil, Rebeca fue enterrada viva. Debido a que no se encontraba bajo tierra, al despertar pudo abrir el féretro, pero se vio encerrada sin alguna vía de escape, y a pesar de que golpeó y arañó la puerta hasta el punto de dejar sus uñas clavadas en la gruesa madera, la construcción no dejó salir sus gritos de auxilio. La fría mueca de horror de su cadáver fue evidencia de los momentos de angustia que vivió Rebeca, librada de la muerte, pero condenada a un entierro en vida.

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Hoy en día, se dice que se pueden escuchar los gritos de Rebeca provenientes de aquel Mausoleo, ya que su espíritu es incapaz de encontrar descanso eterno.

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Colaboración: La chica tiburón para Shark Canal

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