Terror

La maldición de Misnebalam

La noche caía y estaban indecisos acerca de donde acampar, si en los restos de la Iglesia o en algunas de las casas, ya que el casco de la Hacienda aún era propiedad privada y unos cuidadores se encargaban de que nadie entrara durante la noche. Por fin pusieron todo su equipo en la casa que tenía aquella gruta en su patio, la cual examinaron y no le prestaron mayor atención al ver que no había nada interesante y que únicamente cabía una sola persona.